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lunes, 18 de septiembre de 2006

Caracas full (indi)gente

Venga, que ya arrancó todo de nuevo. Y todos estamos aquí, again. ¿Cuántos millones de caraqueños somos y seguimos contando? El Metro asqueroso, impenetrable de gente, putrefacto de sudor caduco y restos alimenticios encerrados en sus ataúdes marca tuperware o en sus clones expendidos sobre la acera por tropas de buhoneros. “Empújame, que yo te pisaré” es el enésimo mandamiento de una deidad subdesarrollada. La autopista vomita millones de automóviles con flatulencia de monóxido carbónico. Súmanse colas de autobuses amarillos repletos de infantes madrugadores. Lotes de asalariados agradecen el anatema bíblico de sus trabajos. Docentes malencarados asumen la mnemotécnia cual terapia de shock aplicada a sus alumnos: “repitan después de mí, los héroes patrios son…” Y los recogelatas gozando un imperio: el suyo propio, exclusivo de ellos.

Pero siempre, aunque lejos, nos queda Eiffel: ese faro.
(Photo by Kimberly Simancas)

4 comentarios:

Jesús Torrealba dijo...

Javier, yo nunca he viajado a Europa, pero algunos de mis hermanos lo han hecho y me han certificado aquel dicho "Francia sería magnífica, sino fuera por los franceces", imagino que tú habrás sacado tus propias conclusiones. Es innegable que nuestra ciudad es un caos sorprendente y avasallador, pero estoy seguro que en París, justo ahora algún escritor también reflexiona acerca de lo alienante y putrefacto de su metrópolis mientras sueña utopías caribeñas de soles tropicales y mulatas de enormes caderas al más puro estilo Gauguin, ... la grama del vecino siempre luce más verde.

Saludos.

Jesús Torrealba

Javier Miranda-Luque dijo...

¿Por qué será, mi apreciado Torrealbart, qué nos apetece estar "siempre en otro lugar"? Somewhere else, diríamos en la pragmática lengua de Shakespeare. Y sí, seguramente algún galo suspira por admirar Caracas encaramado en el Avila, pero no sumido en el Metro. Abrazo ferozmente caraqueño, JML.

Jesús Torrealba dijo...

Creo que eso pasa porque la realidad va más allá, nos apetece ser otra persona. Cada uno de nosotros emana un "yo" irreal, una especie de versión corregida que es la que deja ver a los demás, las damas que se nos acercan vienen cubiertas con maquillaje, los caballeros afeitados, ningún allegado te va a comentar sus fracasos ( a menos que sea un gran amigo), pero siempre te relatará sus éxitos. El resultado es que comparamos nuestro "yo" con esos arquetipos y siempre vamos a quedar en desventaja. Si tuviésemos el don de poder ver la vida del vecino tal cual y como es, seguramente sabríamos que todos estamos plagados de virtudes y defectos. Lo más cercano a conocer el "yo" real de otra persona es casarse con ella, porque nadie puede ocultar su cotidianidad por más de unos meses, a lo sumo un año... cifra estadística de separaciones y divorcios. Quizás si nos fuésemos a vivir a Francia llegaría el día en que hasta el falo de Eiffel nos ladillaría... Si viviéramos más de un año con la mismísima Angelina Jolie ( sustituya si desea este nombre por el de su preferencia )terminaríamos deseando a su primita, o a la vecina, así de inconformes somos.

Saludos.

Anónimo dijo...

Bueno, yo soy uno de esos venezolanos que se fue del país cuando el dolar se cotizaba a 100 Bs. A mi, que había crecido en la utopía del 4,30, me parecia que eso era el fondo del pozo.
Los años y la actualidad me han desmentido. Desde entonces he vivido en cuatro paises diferentes, y les puedo asegurar una cosa, Caracas posiblemente sea una de las ciudades mas tercermundistas del planeta. Yo extraño a los venezolanos, a las arepas, al pabellón, a las gaitas en Navidad, pero desde luego, nunca he extrañado el caos que significa vivir en esa ciudad.