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martes, 19 de septiembre de 2006

"Una ciudad acostumbrada a la belleza"

(Para Jesús Torrealba, coterráneo instigador de este post)

La frase (sobre París) es de Francisco Massiani, uno de los escritores que mejor refleja y homenajea a Caracas en su novela intergeneracional “Piedra de Mar”. Creo yo que las ciudades están hechas de afectos. En París, reside mi hija mayor. Aquí, en Caracas, vivo con mi esposa y mi hija menor. Pero los afectos no deben impedirnos gritar nuestro descontento contra la depauperación y la dejadez que devoran nuestra épica cotidiana.

Ya sé que las ciudades no tienen culpa alguna de los desmanes que cometen sus regidores y habitantes. Oye, y la geografía pasa factura con todos los intereses de mora respectivos. Verbigracia: el terremoto salvaje que decidió zarandear a la Caracas cuatricentenaria aquel 29 de julio de 1967 previo a mi octavo cumpleaños o, más recientemente, la vaguada que casi borra de la cartografía a La Guaira que hiede a Guaire en sus peores momentos de sumidero cloacal obligado a procesar digestivamente la escatología tóxica de la ciudad, donde pronto, digo yo, Noé podría verse impelido a navegar ¿rescatando a quiénes? ¿nos anotamos en la lista de espera?

¿Saben lo que (me) pasa? Que si seguimos así, Caracas va a terminar siendo la alfombra del Ávila y a mí no me da la gana.

Mientras, yo me declaro caraqueño convicto y confeso. Caraqueño delirante por sobredosis avileña Caraqueño por adicción. Caracas se desborda en mis autorías. Pero, igual que cualquiera, suspiro por otros paisajes que seduzcan mi mirada polígama. No estoy anclado. Mi existencia es portátil. Hay tantos imanes...


(Manuel Cabré: El Ávila desde San Bernardino. 1939)

5 comentarios:

Jesús Torrealba dijo...

Gracias por el post, saludos.

Jesús Torrealba

Rafael Osío Cabrices dijo...

Lo dramático es que nos estamos haciendo una ciudad más bien acostumbrada a la fealdad, al horror. A las montañas de basura, la prostitución infantil, la selva buhoneril, el ruido. Vamos bajando todos los días el listón de nuestras exigencias: "bueno, la trocha no está tan mal", "bueno, ya no voy a Bellas Artes, pero tengo el Trasnocho", "bueno, si paso dos horas en una cola escucho la radio y ya". Y así, y así, y así ... me pregunto por cuánto tiempo nuestra luz y nuestro Ávila nos bastarán como consuelo.

Javier Miranda-Luque dijo...

Si seguimos así, Rafael, "bajando el listón" como bien dices, la capital venezolana degenerará en cualquier población del 4º (in)mundo y subsiguientes. Yo propongo un ejercicio de ficción que nos permita metamorfoseanos en una "Carís" o "Paracas" (en comunión con la metrópolis gala). Se aceptan sugerencias. Abrazo kafkiano, JML.

Anónimo dijo...

Recuerdo aquellos hermosos días (noches) de patrullar la ciudad, bordearla por la Cota Mil aderezándonos con Pink Floy y Vitas Brenner. Hoy Caracas es un laberinto de zonas prohibidas, revolucionarias, buhonerarias... funerarias! · Tres años en la Barcelona de Gaudí no han servido para borrar El Avila de mis amores. Hasta Ilan Chester suena a himno desde aquí.
Guido

Javier Miranda-Luque dijo...

Gracias, Guido, por el recuerdo, debidamente ficcionado en varios de mis relatos. Recuerda que Cabré era catalán, así que móntate tú, tu propio Ávila por allá. Abrazo chaguaramesco, JML.