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viernes, 23 de febrero de 2007

Ahora, "su ogro" soy yo

(Óleo de Francesco Hayez, obviamente titulado "El beso")

Hoy, en Dinamarca, mi hija mayor me ha convertido, oficialmente, en esa figura atávica de la que no me repongo, que aún no asumo. Mi hija me ha trastocado en suegro de su esposo. Hoy me descubro más canas en mi barba, bigote y cabello; otra arruga en mi ceño.

Simultáneamente, les doy la bienvenida a este club conyugal que, si se toma con humor y complicidad, se disfruta en sus múltiples facetas (suegros y familia política incluidos).

Y es que a mí (nada que ver con la etimología), suegro me suena a "su ogro".

Soy, entonces, el ogro de mi yerno para recordarle, así sea fonéticamente, que "cuidadito con mi hija", ¿vale?

7 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Sí, haces bien al advertirle al yerno que cuidadito con tu hija porque "su ogro" eres tú.

(En momentos como éste, extraño más a mi papá)

OA

(aka) Rodrigo Coll dijo...

Qué bien está esa solución narrativa, Javier. En cierta forma, (o al menos, tal como lo veo), se trata de un gesto de benevolencia paterna muy hermoso: cambiar un relato donde años atrás se fue un héroe para una niñita que necesitaba de una figura ideal, por un (su)ogro benigno y de buen humor que, a su manera, asume la dignidad de su nueva condición desde la serena y leal furia de su cueva.

Felicitaciones para ti y los tuyos. Incluida la nueva adquisición.

Un abrazo.

©Javier Miranda-Luque dijo...

Gracias, Ophir y Rodrigo.

La nina en cuestión dijo...

Debo aclarar que Javier no fue un héroe para una ninita que necesitaba una figura ideal, sino que sigue siendo un héroe, ahora forzado a compartir ese rol con su nuevo...hijo?... :-)

©Javier Miranda-Luque dijo...

A ver: ¿no les parece que vivimos en un planeta sobrepoblado de héroes? ¿no creen ustedes que los héroes están hiper estimados?

A mí, hasta en la ficción (sobretodo en la ficción), siempre me decanto por el antihéroe; por la épica de la cotidianidad singularísima.

Yo me asumo, pues, cual ogro benigno, gesticulando palabras al viento, al teclado, al ciberespacio.

Los héroes son trampas paradigmáticas; paradigmas tramposos; chantajes éticos de proselitistas que apelan a ese rol confuso, difuso, multiuso.

Excúsenme el discursillo.

Me acojo a Nietszche, ese bravuconazo tremendista humano, demasiado humano.

Abrazo de ogro, ¿con (L)ogros?, JML.

(Y cariño entrañable, con eñe, a mi niña grande con su teclado desprovisto de eñes: sin años ni ñandú, par de ejemplos ñoños).

(aka) Rodrigo Coll dijo...

Qué belleza ese comentario, Niña en cuestión. Para darle una correcta perspectiva de cuanto me gusta me parece que debería decir que soy el orgulloso papá de una bebé de 4 meses y medio y ojos inmensos: creo que, viajando en un futuro todavía demasiado remoto, me sentiría realmente feliz de leer algo así dicho por ella. (Sea cual sea el medio de comunicación que nos depare el azar futurológico, desde luego).

Por lo demás, estoy más que de acuerdo contigo con el tema heróico en general, Javier. Los heroismos globales suelen ser fastidiosos y esquemáticos, como la mala ficción. Rescato, sin embargo, ese pequeño y significativo heroismo que suponen los espacios privados, los lugares familiares: despertar cada día y reconocerse junto al otro, apostarlo todo por un ser pequeñito. En fin, creer en ese mundo que llamamos hogar, aunque afuera caigan, chispeantes, las más furiosas tormentas de meteoritos.

Mis felicitaciones a ustedes, otra vez.

©Javier Miranda-Luque dijo...

¡ Salud(os), Rodrigo, y enhorabuena, una vez más, por tu niña argonáutica: disfruta ese periplo maravilloso !

Abrazo hogareño, JML.