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martes, 30 de enero de 2007

"Capacidad máxima": ascensores y libros

Estos últimos días me he entretenido con un blog-experimento llevado a cabo en una bitácora abierta para tal fin el día 18 de enero, registrada luego en el directorio de to2blogs.

Simultáneamente envié un e-mail, suscrito bajo el nick de “capacidad máxima”, a un listado de cien (100) correos electrónicos en el que yo mismo figuraba y que obtuve de un mensaje masivo cuyos destinatarios estábamos “a la vista” y no en la modalidad de “copia oculta” que yo utilicé para mis envíos.

Después me di a la tarea de dejar comentarios en cien (100) bitácoras. En ambos casos (e-mails y blogs) sembré una campaña de intriga en torno a un ascensor y un ciber-happening


La exégesis de los resultados cuantitativos de la convocatoria bloguera se la cedo a quien pueda interesar (900 visitantes diferentes o “usuarios únicos”, según el extreme tracker, al momento de publicar este post). Lo que a mí me causa curiosidad es la reacción de hiper-seriedad exhibida por algunos en los comentarios dejados en tal blog. Aunque predominó el humor en su estupenda biodiversidad conciliatoria.

Al final, decepcioné a la mayoría calificada, como ocurre en cualquier campaña de intriga, ya que –una vez develada– toda la alharaca se reducía al bautizo virtual de un libro en ascensores urbi et orbi.

El libro, además, resultó ser mío: “Capacidad máxima” (encierro teatral en un acto para actores en vivo y personajes referenciales), premiado en el Certamen Mayor de las Artes y las Letras en su edición 2004 y publicado con tres años de añejamiento.

Para completar la cuña (el spam, offtopic y demás yerbas del metalenguaje con las que fue calificada mi impertinencia), publicito, pues, que el librito de marras (44 páginas) se vende exclusivamente en las librerías Kuai-Mare a un precio irrisorio (los derechos de autor ya me los entregaron en especies: 100 ejemplares con los que me abanico y obsequio encantado a familiares, relacionados y amigos).

Ya sé que debí colgar un blog donde la pija de Paris Hilton ginecologizara la entrepierna calva de Britney Spears y le afinara en clave de fa(moseo) las trompas de Falopio, en vez de dedicarme a estos turbios e insulsos menesteres. Pero hice exactamente lo que me vino en gana, asumiendo mi copyright sobre el ascensor y la bitácora.

Y ahora, acogiéndome a las conductas omnímodas imperantes, destierro a los ceños fruncidos de mis predios, de todos mis predios.

El registro ciber-documental de lo acontecido virtualmente está allí:
http://capacidadmaxima.blogspot.com

Reitero mi gratitud a quienes se “conectaron” generosamente en la onda cómplice del jápening y sumaron sus comentarios con jocosidad y desenfado.

Jorge Letralia publicó en su bitácora un post magnánimo

http://jorgeletralia.blogsome.com/2007/01/29/el-ascensor-de-la-intriga/

2 comentarios:

María Inés Ekman dijo...

Pues quedé muy impresionada la verdad! Yo fui una de los destinatarios de su original campaña en mi blog, y acto seguido recibir el comentario, accedí a Capacidad Máxima. Lamentablemente el sábado no pude conectarme temparano gracias a los achaques propios de un viernes de aroma cualquiera, pero mantuve la espectativa y revisé uno a uno los comentarios -los ácidos y los jocosos-; la verdad me impresionó mucho encontrarle justamente a usted tras todo esto, pues llevo leyendo un tiempo su blog con fruición, aunque sin animarme a comentarle. Esos son los vericuetos de la web!
Saludos y éxito.

©Javier Miranda-Luque dijo...

María Inés: pues bienvenida a los comentarios y al ascensor. Y sí, yo soy el perpetrador de la "Campaña Intrigante".