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jueves, 7 de febrero de 2008

Inventario narrativo de Omar Mesones

Con Omar Mesones comparto una confortable "vecindad" en la antología más reciente editada por SACVEN. Sopotocientos posts atrás reseñe su libro anterior EL ATADOR DE CABOS. Como lector, casi no he variado mi percepción sobre su narrativa: minimalista, eficiente, sin juegos ni regodeos. Mesones —ya lo he dicho yo— narra. Así de sencillo: narra (verbo bisílabo) sin ostentaciones ni lujos lexicales.

Acabo de leerme su INVENTARIO Y OTROS RELATOS, libro ganador del premio Garmendia 2007. Ajeno a las supersticiones, Mesones entrelaza aquí 13 cuentos que van desde la metaliteratura (Acúñalo por partes), donde se permite —quizás— un único "jueguecito" al titular el relato, pasando por la cotidianidad recalcitrante que apuesta por ese personaje tan entrañable que el cine angloparlante mienta "looser" y/o "borderline" en una buena media docena de textos, hasta las joyitas brevísimas de humor oscuro (Números, ¿Un mal día?).

Cito textualmente un momento estupendo del cuento "Sí, quiero", crónica ficcional de una boda que me remite al delicioso film de Robert Altman: "De niña me intrigaba la ruta de los perros: los veía pasar (...) caminando de prisa, con determinación, como si supieran exactamente hacia donde querían ir. (...) A veces se detienen, como si hubieran perdido el camino. Levantan la cabeza, ¿olfatean el aire?, y luego cambian la ruta, al trote. (...) La ciudad estaba plagada de perros caminantes".

Resiento encontrarme una expresión recalentada en el microondas que empaña la lectura de "La catira del 110": "Sin embargo, el destino les hizo una mala jugada" (página 192), rompiendo con un conjunto narrativo que prescinde de frases hechas y latiguillos.

Es de agradecer una portada funcional y una diagramación que facilita la legibilidad sobre papelería "tan cremy" (sic), que nos rescata de la blancura forzada del papel bond.

1 comentario:

Omar Mesones dijo...

Gracias, Javier. Excelente comentario. Pero más que eso, debo agradecer tu atenta y af¡guda lectura, con la cual supiste detectar una de las imágenes que más me gustó a mí al momento de escribir el relato "Sí, quiero": la de los perros caminantes... A pesar de mi especial preferencia por esta imagen, estaba convencido de que pasaría desapercibida aún para los lectores más atentos...De nuevo, gracias!!!
Aunque ya soy testigo de tu atenta lectura, ¿no lograste detectar en "Acuña-lo por partes" la escurridiza sombra de tu hermano Julio Miranda? No es un cuento que le rinda homenaje a Julio, ni Acuña es una máscara de Julio. Sin embargo, frases como "Grafómano impenitente", o en la frase: "Luego, es cierto, comenzaron a aparecer los libros menores: críticas y reseñas literarias, comentarios cinematográficos y teatrales, una historia interpretativa de la plástica venezolana". Julito no escribió una historia interpretativa de la plástica, pero sí su "Juicio a la Literatura venezolana", a mi modo de ver, un libro menor ante la portentosa vitalidad de "Anotaciones de Otoño" o la tierna y vital belleza de "Una ciudad con nombre de mujer". Le siguen la muerte de Rosendo Acuña en Mérida, al igual que a la de Julio. Hasta alli las analogías y semejanzas. Al contrario de Julio, Rosendo jamás logra un verdadero reconocimiento literario o intelectual para sus escritos. Levantando vuelo y separándose ya definitivamente de Julio Miranda, Acuña es un poeta (según mi imaginería literaria) de similar envergadura a la de Ramón Palomares, Rafael Cadenas o el propio Miranda. Sin embargo, Acuña es un poeta fracasado, un poeta marginal y marginado por sus propios pares.Un perdedor (valga tu referencia al cine norteamericano), y un verdadero "outsider": un fracasado. Un poeta de las sombras.Un delator y detractor de eso que nosotros, tercamente, insistimos en llamar éxito y felicidad...
Seguimos en contacto!!!