BLOG-TRAILER

domingo, 1 de octubre de 2006

Sociedad de lectores

Autores y lectores adquieren rostro en los encuentros que arrancan este primer lunes de octubre, a las siete de la noche, en el Centro Cultural Chacao, sumando a gente que escribe con personas que leen. El resultado no puede ser sino una buena nueva, una iniciativa que nos alegra entre tanto discurso ramplón y gestos inútiles.

A lo mejor descubrimos con sorpresa que nuestro vecino del quinto piso es aquel polémico ensayista cuya obra nos inquieta o que la chica que nos sonríe consuetudinariamente en la esquina es una lectora voraz de ficciones.

Ya lo dijo uno de mis personajes: si en vez de tanta cancha deportiva oxidándose en cada rincón del país se hubiesen edificado bibliotecas y centros de conexión a la web, seríamos otros...

Ahora, si preferimos seguir exportando misses y boxeadores, quedémonos en casa atragantándonos de arepas rellenas de demagogia con queso. No sé, digo yo.

Vínculo directo con los de la iniciativa en cuestión: www.relectura.org

Como aquella tonada infantil, ¿la recuerdan?: “a leer, a leer, o el mundo se va a joder”.

Mecano dixit, en la voz intacta de Ana Torroja: “No es serio este cementerio” (de ideas).

(A ver si los cinéfilos aciertan quién es la peculiar lectora de la imagen)

viernes, 29 de septiembre de 2006

Amanezco sin asco: renazco

Hoy es el día de la aviación civil, pero a mí qué me importa. Hoy se celebra un natalicio más de Víctor Valera Mora, a quien de tanto leerlo, citarlo y recitarlo, ya me siento yo con el derecho de llamarlo el “Chino”, como si lo conociera y de toda la vida. Pero es que, vainas de lector, yo siento que es así. En todo caso, yo conozco lo que él escribió, que, posiblemente, no sea lo mismo que yo estoy leyendo. Esta es la libertad absoluta del lector y del escritor también.

“A los soberbios, embóscalos, tírales por mampuesto. Si nada tienes, llénate de coraje y pelea hasta el final. Agarra a la amargura por los cuernos y rómpele la nuca. Y si la muerte te señala, sigue cantando y en el primer bar que encuentres pide un trago y bébete la mirada de la novia y bébete su risa. Bébete la vida. No hay que dejar que el camello de la tristeza pase por el ojo de nuestros corazones”.

Para mí, estos versos son una plegaria absoluta, plenipotenciaria y eterna:
“Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.” (Antología poética, Fundarte, 1989).

Prueben a recitarla ahora mismo, en voz alta, para que vean:
“Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.”

Coño, no estoy haciendo proselitismo, pero son palabras poderosas:
“Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.”

Perdónenme la exégesis, pero para mí Valera Mora no es el “Verlaine tropical” sino el Whitman de Caracas. ¡Hay poetas en la vida, que, ay, yo no sé! Como no conseguí ninguna imagen del “Chino”, publico una foto de Whitman, con su cara de viejo gato elegante y feliz que era. El retrato de Valera Mora se los debo, quizás, para su próximo cumpleversos.

miércoles, 27 de septiembre de 2006

Vivisección del dromedario

Amanecí inmune a la imbecilidad. Propia o ajena, hoy no me molesta. Apenas me divierte. Dibuja un atisbo de sonrisa leve que se asoma a la comisura de mis labios. Pero no renuncio a la ironía. Eso no. Qué va. Jamás de los jamases. Tendría que nacer de nuevo. Y ni siquiera. Ni aún así renunciaría a la ironía. Ese capital que nadie alcanza a expropiarme. La ironía en mí es un valor o un prejuicio genético.

—Cuando te dé asco lo que estás haciendo. Cuando sientas que traicionas todo lo que sabes y en todo lo que crees, entonces la campaña, la valla, el aviso está listo para publicarse.
El diseñador gráfico, un chamo en impermeable magenta con cabello al cero y una barbita en forma de cono cyam que pende de su mentón afeitado, me escucha con un rictus de escepticismo profesional que se debate entre la desazón y el desprecio.

—Es la náusea existencialista de la que hablaba Sartre –prosigo.

—¿Cuál sastre? –farfulla.

—Sartre, mi pana. Juan Pablo, no segundo, sino Sartre. El mismísimo Jean Paul, filósofo franchute de prosa luminosa y ojos descarriados. Empatado, para más señas, con esa tipa arrechísima que fue Simone de Beauvoir.

—No sé de qué hablas. Yo a ese par no lo conozco.

—Lo que te digo, novel, es que para trabajar en publicidad tienes que olvidarte de casi todo lo que sabes. Ignora tus estudios de diseño, tu exposición de fotografía y tus afiches premiados. Aquí eso no vale ni significa nada.

—Pero si el presidente de la agencia, cuando me entrevistó, me halagó mi carpeta de trabajo y habló de la importancia del diseño en función del mercado, de la creatividad orientada por un concepto.

—Claro. Y te dijo que “queremos inyectar sangre nueva en el negocio. Gente joven. Ideas frescas para renovar e imprimirle nuevos aires al mercado. Un mercado, por lo demás, altamente competitivo que requiere del concurso de gente como tú. Gente que adora los retos y no tiene miedo a enfrentarse con ellos, a cualquier hora, cara a cara. Porque lo importante es el resultado. Lo bueno es el enemigo de lo malo y lo excelente supera siempre a lo bueno. Mejorar, optimizar, priorizar, ganar, conquistar, superarnos: estos son los verbos que nos gusta conjugar en la agencia. Aquí se trata de gerenciar por objetivos. Nosotros imponemos las tendencias en este mercado. Nosotros lideramos y los demás nos siguen. Nosotros los vemos por el espejo retrovisor de nuestra nave que es la empresa. Una nave piloteada por mí e impulsada por gente como tú, la generación de relevo, con madera de líder para sustituirnos a nosotros en las próximas décadas y formar a otros líderes. Porque en esta agencia marcamos la pauta publicitaria en Venezuela. Olvídate de las transnacionales y todas esas fábulas. Son habladurías bonitas y rimbombantes de los débiles que se asocian con compañías foráneas para poder sobrevivir en este mercado que es nuestro, porque lo construimos nosotros y lo conocemos hasta la médula. Un mercado que hemos conformado a punta de sudor, rompiéndonos los codos y quedándonos ciegos hasta quemarnos las pestañas. Y experimentando y enmendando e innovando. Los clientes y en especial los consumidores venezolanos no son bobos ni ingenuos y prefieren pagar por lo mejor. El mejor producto anunciado por la mejor publicidad. Fuerte, impactante, contundente, inolvidable. Publicidad que golpee al consumidor en medio de los ojos, lo agarre por el cuello y no lo suelte hasta que vacíe sus bolsillos directamente en los nuestros. Publicidad moderna, colorida, memorable, que asalte al target consumer en pleno baño, cuando está a punto de dormirse o interrumpiéndolo mientras hace el amor. Jingles que se le peguen, recorriendo los recovecos de sus circunvoluciones cerebrales, haciendo que se aprenda cada verso y acorde, exprimiendo sus neuronas hasta dejarlo seco de sí y saturado de nuestras cuñas. Ansioso, desesperado por disfrutar los productos y servicios que anunciamos. Admirador de esa publicidad que lo seduce. Esas mismas campañas que tú vas a crear en esta agencia. Joven, créeme cuando te digo que hoy es el primer día del resto de tu existencia, personal y profesionalmente. Yo sé que es un lugar común. Te agradezco que no te rías. Pero es que no hay otra forma de expresarlo. Esta es la verdad de la que estamos hechos. Hoy, aquí, con nosotros, tú inicias un nuevo camino de solidez y crecimiento laboral. Una senda de trabajo, de esfuerzo, de retos, de desafíos, de enormes sacrificios recompensados. Con nosotros entras a formar parte de una gran familia, cordial, amistosa, que celebra cada uno de sus triunfos y no te abandona en tus eventuales fracasos. Porque, óyeme, los éxitos siempre son grandes y pequeños los fracasos. Ya que aquí uno se levanta y enmienda el camino. Y como te decía, somos una familia que nos ayudamos los unos a los otros. Porque manejamos el largo plazo. Somos como la mafia. No dejamos que te vayas. No te asustes que es un chiste. Pero sí somos muy celosos de nuestro personal y de nuestro trabajo. Ya te irás dando cuenta para que puedas asimilarlo. Oye, y aquí esto es política de puertas abiertas. Aquí ninguna puerta se cierra, salvo la de los baños. Y desde ya estás invitado a la próxima parrilla de la agencia, este sábado, en mi casa”.

—Coño, el discurso es el mismo, letra por letra, ¿cómo te lo sabes?

—Mister president lleva 30 años dando el mismo discursito a cada nuevo empleado. Ampliándolo con el tiempo. Su oratoria es cada vez más larga y elaborada. Con una gestualidad estudiada y esa vehemencia emotiva, pero dosificada. Después de leer a Mario Puzo le agregó lo de la mafia. Antes hablaba de las sectas religiosas. Hasta que sucedió el suicidio colectivo de Guyana. En esta empresa lo único que falta son orgías. Un cogeculos colectivo para poder clavarme a su secretaria, que es de su uso exclusivo. Eso no es democrático. Ni igualitario. Déjame aclararte que aquí los culos están, ¿cómo decirlo elegantemente?, tarifados de acuerdo al cargo. Funciona una suerte de escalafón cogeculístico. Por ejemplo, las ejecutivas sólo tiran con vicepresidentes pa’ rriba. Pero a la recepcionista, que es una (o)diosa rubia bronceada y tetona, con un bollo digno de páginas centrales desplegadas de playboy, sólo le gustan las mujeres, con predilección por las productoras audiovisuales que resultan más resueltas. Nunca te enredes con clientes. Yo prefiero a las proveedoras (fotógrafas, maquilladoras, jingleras). Tú podrías optar por las asistentes administrativas o las ejecutivas junior. Ah, un consejo, la redactora de pelito corto y el culito parado, es feíta de cara pero tira como una reina porno. Con cuatro cervezas y un par de rhumoranges aterrizas en el motel sin escalas. Al día siguiente te vas a tener que untar crema humectante, la que tiene zábila, para bajar la inflamación del miembro que nos honra. Nuestro Poncio Pilatos, ginecólogo amateur, animal mitológico, unicornio cefálico. Como diría nuestro presidente: “la extremidad imperante en el mercado de la entrepierna femenina, reason why y visión estratégica para expandir nuevas vulvas y lubricar eficientemente el camino hacia inusitadas experiencias orgásmicas”.

(Imagen by Ziza)

lunes, 25 de septiembre de 2006

El Metro literario de las antologías: "entren que caben cien"


"Entren que caben cien, 50 parao (sic), 50 de de pie.
Oye, Ruperto, que paren la puerta.
Oye, que caben, que caben bien"
(Héctor Lavoe. "El Timbalero", LP EL JUICIO, 1972)

Hace nada me preguntaron en un programa de televisión qué autores venezolanos leía yo. Respondí de inmediato: el Massiani de “Piedra de mar”; la narrativa risueña de Renato Rodríguez; los versos encendidos de Valera Mora y los escritores “antologizados” por los sucesivos premios Sacven, “De la urbe para el orbe” y los inéditos de Monte Avila.

Las antologías son el “modus publicandi” actual. Nos “antologizan” o se pudren nuestros textos en las gavetas devenidas en ataúdes literarios, nichos cibernéticos de nuestros discos duros.

Antologizarnos, sí, o metamorfosearnos en el insensato de Salinger con su síndrome nefasto de escribir para no publicar. Exhibicionismo masturbatorio ante el espejo del claustro, si fuese cierto el chisme legendario de su vanagloria en rehusarse a ser editado.

¿Las antologías son libros promiscuos? ¡Benditas orgías, pues, a las que me suscribo, donde compartir páginas con mis vecinos! Vitrinas adosadas en el pecaminoso barrio rosado, rojo, fucsia de la literatura.

Las antologías son un evento generoso de encuentro y biodiversidad. A veces, también, espacio de coincidencias. En todo caso, portal portátil, museo colectivo, multiplex de textos.

Las antologías son el Metro (pero recién inaugurado en 1983, cuando todo funcionaba). Los pasajeros nos reconocemos e intercambiamos saludos, lecturas, epígrafes encriptados.

Aquí está la antología de Alfadil cuya portada exhibo; ahí viene la quinta edición del premio nacional de cuentos Sacven, prometida para octubre. Ahora le toca el turno a Monte Avila, editorial estatal que perfectamente pudiese asumir una antología anual de narrativa y otra de poesía, simultáneamente a su plausible iniciativa de Autores Inéditos donde hemos coincidido varios antologizados por Alfadil junto a ganadores y finalistas del Sacven.

Sacven podría encarar su premio narrativo con frecuencia anual y lo mismo vale para Alfadil. Ediciones “de bolsillo”, pequeños tirajes, distribución nacional y extrafronteras. Promoción, promoción, promoción, promoción, promoción, promoción, promoción,
promoción, promoción, promoción, promoción, promoción. O sea, ¿ves? entre otras cosas, que nos pongan en el mesón de novedades y nos exhiban en la vitrina.

Entre los antologizados, familiares y amigos agotaríamos una buena ración de la edición, amén de los posts laudatorios y exegéticos en nuestros blogs respectivos.

Ah, bravo por las ventas itinerantes de Monte Avila en las estaciones del Metro que nos aproximan al lector, pasajero tipográfico de nuestras ficciones.

(Gracias a Lil Rodríguez, auténtica enciclopedia bípeda de la música popular, por el despeje de mi duda melódica referente al epígrafe de este post)

Umberto Eco: cibernautas gutenbergianos

Con esa lucidez habitual que irrita a los irritables urbi et orbi, Umberto Eco responde a las preguntas de Francois Armanet en una entrevista publicada en Le Nouvel Observateur, versionada en nuestro idioma por www.elpais.es

A mí lo que me irrita es que el software de la computadora me "corrija" inconsultamente cada vez que escribo Umberto Eco, suplantándolo por un ignoto "Humberto" con hache muda. Por lo demás, concuerdo con el semiólogo italiano sobre el papel de la web y demás ideas conexas que reproduzco aquí. En mi biblioteca atesoro "El péndulo de Foucault", pletórico de notas mías a pie y costados de página, textos subrayados y párrafos enteros resaltados en amarillo. Manías de lector que se vale de los libros cual herramientas que son.

P. ¿La civilización de lo escrito tiene todavía un buen futuro?
R. Eso espero, por usted y por mí. Es cierto que hacia mediados del siglo pasado había sociólogos que predecían una civilización de la imagen, anti-Gutenberg. Pero el ordenador e Internet han restablecido la primacía de lo escrito: el hombre-Internet es un hombre gutenbergiano.
P. ¿Adónde va Internet?
R. Lo ignoro. Aunque Internet haya cambiado nuestras vidas, este progreso tecnológico podría conducirnos a una regresión cultural. Borges nos contaba en Ficciones la historia de Funes o la memoria, este hombre que se acordaba de todo, de cada hoja que había visto en cada árbol, de cada palabra que había oído durante su vida y que, debido a su memoria total, era un perfecto idiota. La función de la memoria no es sólo conservar, sino también filtrar. La cultura es también un proceso de conservación y de filtración, por medio del cual sabemos quién era Hitler, pero no de qué color eran sus calcetines el día en que se suicidó en su búnker. Ahora bien, para un navegante ingenuo, Internet es Funes. Internet le dice todo sin decirle si tal o cual información es fiable. Si no se es un experto es muy difícil decir si un sitio dedicado, por ejemplo, a los platillos volantes es serio o delirante. Toda cultura está regida por los filtros de las enciclopedias (en el sentido del Larousse, pero también de repertorio de saber virtual compartido por una comunidad). Pero la enciclopedia puede decirnos cosas falsas, como las de principios del siglo XX, que nos hablaban del éter cósmico. ¡Si no se educa a los internautas para la navegación, acabaremos por tener 6.000 millones de enciclopedias, una por cada habitante del planeta!
P. Usted es novelista, filósofo, semiólogo, polemista... ¿Cuál es su definición de hombre de bien? ¿Cuáles son los placeres de la erudición?
R. El hombre de bien es el guardián de la enciclopedia y a la vez su crítico. Los placeres de la erudición son otra cosa. La erudición no es la cultura, es una forma particular y secundaria. La cultura no consiste en saber la fecha de nacimiento de Francisco I. Ser cultivado significa ante todo saber que fue un rey de Francia durante el Renacimiento, y cuál era el papel de Francia en el contexto europeo de la época. En cuanto a su fecha de nacimiento, la cultura permite encontrar esta información si se necesita.

domingo, 24 de septiembre de 2006

(Hu)ellas

Sobre el césped de Versalles, merced al aliento del Rey Sol.
(Autorretrato naturista de mis hijas).


Homenaje in memoriam a Sven Nykvist (1923-2006), virtuosísimo director de fotografía que estetizó la filmografia bergmaniana, a la usanza de un Reverón sueco que rubricaba el celuloide con claroscuros.

Me entero del deceso del entrañable Sven visitando:
http:www.blogacine.com

viernes, 22 de septiembre de 2006

Martin Amis: contra la anestesia

Mi encontronazo con el novelista británico Martin Amis fue hace poco más de una década a través de sus libros "Dinero" y "Exito". Narrativa minimalista, cruda, con personajes-narradores que ostentaban una biografía ¿fisiológica? A uno, como lector, le costaba desprenderse de esas páginas que te salpicaban su inventario de secreciones diversas. Antihéroes magníficos que incentivaban el insomnio de tus más vergonzosas empatías. Ahí está ese par de títulos, sobrevivientes de todas mis mudanzas, en mis tres tristres estantes de madera de pino barnizada, cuales cactus puyúos de libros infrapoblando el largo y angosto pasillo del apartamento de arquitectura perezjimenista que conduce de la sala/comedor/bufete donde bloggeo a otro minúsculo aunque obeso corredor saturado de puertas que te llevan o a la batea o al baño o a los dormitorios.

Decido, pues, reproducir esta entrevista publicada en www.elpais.es que me agradó harto encontrarme.

Pregunta. Ha escrito que lo autobiográfico ha marcado buena parte de la ficción en los últimos años. ¿Sigue siendo así?
Respuesta. Si hubiera que destacar una característica en la literatura que se escribe hoy sería la diversidad. En temas, momentos y espacios. Es cierto que lo autobiográfico, y también la historia, siguen siendo motores esenciales que alimentan la ficción actual.
P. ¿Cómo cree que han afectado los atentados a personajes como los de Dinero, con ese nihilismo despreocupado y perverso?
R. El estado en el que vive buena parte de la juventud es semejante al del que acaba de ser anestesiado con novocaína. Están anestesiados. Y un acontecimiento de esas características refuerza aún más esa sensación. Así, hay muchos jóvenes que llenan su cuerpo de imperdibles o que se autolesionan haciéndose cortes en los brazos por ese afán de romper con esa anestesia general. Pero no es fácil, y siguen arrastrados a una vorágine de compras, consumo, sexo y fiestas que pone entre paréntesis todo lo demás. Van de un lado a otro, su horizonte único es el presente.
P. ¿Qué hay entonces del futuro?
R. La historia se ha acelerado de manera vertiginosa. Ya no hay tiempo para detenerse y observar lo que ocurre, y por eso la poesía está muriendo. Todo va demasiado deprisa, no se puede parar.
P. Los discursos sobre Dios ocupan cada vez mayor lugar. Ahí está el reguero de protestas que han desencadenado los comentarios del Papa sobre el islam. ¿Hay una vuelta a la religión en estos tiempos inciertos?
R. No creo que ocurra nada de eso en Europa. Creo que aquí enterramos a Dios y nos dimos cuenta de que se vive muy bien sin él, sin sus dones y sus exigencias. En América son, en cambio, muy religiosos, aunque la situación puede resultar paradójica. Hace poco estuve en Las Vegas. Y si hay un lugar en el mundo que no tenga nada que ver con el islam ese lugar es justamente Las Vegas. Los fanáticos islamistas han desencadenado su furia porque no aceptan nuestra manera de vivir. No toleran lugares como Las Vegas. Y no aceptan la emancipación de la mujer, por ejemplo, que les resulta intolerable.
P. Tampoco los hombres de Occidente han asimilado bien la liberación femenina, aunque de manera muy distinta. Es un tema, el de las actuales relaciones entre hombres y mujeres, que recorre sus libros más recientes.
R. En el libro que estoy escribiendo ahora vuelvo sobre este asunto. Se llama The pregnant widow (La viuda embarazada) y arranca de un comentario del pensador ruso Alexander Herzen que decía que cuando se produce una revolución y ha de empezar un nuevo orden, hay un periodo de tiempo en el que la mujer ha quedado embarazada, el padre se ha ido ya pero el hijo no ha nacido todavía. Es lo que ocurre con la revolución feminista. Llevamos como dos tercios del embarazo, pero los cambios definitivos no se han asentado todavía. Las mujeres han acumulado mucho poder a costa del hombre, en una verdadera revolución de terciopelo, pero siguen insatisfechas porque siguen ocupándose de la casa. Hace falta que los cambios continúen.
P. También en el panorama literario se han producido cambios. Ya no parece fácil compartir una escala de valores y pronunciarse sobre la calidad de lo que se escribe.
R. Lo que no tolera la sociedad actual es que pueda haber una suerte de élite en el mundo literario. El afán de allanar las diferencias, de buscar una nivelación, de manifestar que todos pueden hacer lo mismo puede a la larga terminar con este trabajo. Lo comentábamos hace poco con unos colegas en Boston: la literatura tal como la entendemos se ha acabado, no existe. Todo viene del radicalismo del 68, donde se defendía que no hay opiniones superiores, que todos valemos lo mismo. Pero el talento no se reparte de manera igualitaria. Algunos lo tienen, otros no. Eso se respeta en el mundo de la ciencia, pero no en la historia, la novela o la sociología. En esos campos se da por hecho que todos valen lo mismo.
P. El mercado y los medios de comunicación pueden haber colaborado en este fenómeno al rendirse ante las grandes campañas de autores que tenían todavía mucho que demostrar.
R. Cuando empecé, publicaba mis libros y como mucho aparecía alguna reseña. A partir de los ochenta, empezaron los viajes, los hoteles, las entrevistas, las fiestas. Esta revolución de minibar que tanto está afectando a los escritores jóvenes. Antes nos poníamos a escribir porque teníamos dentro algo que tenía que salir fuera. Ahora muchos autores publican para salir en televisión.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

El ferry: un (fi)asco que se arrastra en el mar

Esta es una catarsis a destiempo, pero ¿cuántos años tenemos siendo náufragos del ferry? ¿Soportando las (c)olas, el bochornoso calor, el vacilón de sus corsarios, el cheverismo insular y de tierra firme para con nosotros, sus ilustres borregos ilustrados?

Ellos, los filibusteros sobre quienes gravita el monopolio del ferry, no merecen transportar nada: ni mercancías, ni animales ni gente. Pero nosotros, los usuarios, somos los pendejos supremos que nos merecemos, a punta de calárnosla, esta gestión inservible de no-servicio y sí lucro a toda costa.

Abran el mercado a nuevas concesiones. Bienvenidos los canadienses, escandinavos, japoneses, noruegos, senegalíes...¡que vengan, pero ya, a hacerse cargo del negocio los vikingos!

Sólo le deseo a la familia bucanera que le caiga encima las siete plagas del seniat; que nosotros dejemos de pagar tarifas cartelizadas para que nos frieguen y que los accionistas se coman sus chatarras y prueben su propia ración de coprofagia, a la que renunciamos sus ex-víctimas.

O prisión domiciliaria a bordo de sus “cayucos” (pateras, ranchos flotantes) y que naufraguen eternamente entre Puerto La Cruz y Punta de Piedras, dando tumbos sobre las olas caribeñas.

¡Las concesiones sin servicio son un puto asco!


(Imagen by Heidi Taillefer)

martes, 19 de septiembre de 2006

"Una ciudad acostumbrada a la belleza"

(Para Jesús Torrealba, coterráneo instigador de este post)

La frase (sobre París) es de Francisco Massiani, uno de los escritores que mejor refleja y homenajea a Caracas en su novela intergeneracional “Piedra de Mar”. Creo yo que las ciudades están hechas de afectos. En París, reside mi hija mayor. Aquí, en Caracas, vivo con mi esposa y mi hija menor. Pero los afectos no deben impedirnos gritar nuestro descontento contra la depauperación y la dejadez que devoran nuestra épica cotidiana.

Ya sé que las ciudades no tienen culpa alguna de los desmanes que cometen sus regidores y habitantes. Oye, y la geografía pasa factura con todos los intereses de mora respectivos. Verbigracia: el terremoto salvaje que decidió zarandear a la Caracas cuatricentenaria aquel 29 de julio de 1967 previo a mi octavo cumpleaños o, más recientemente, la vaguada que casi borra de la cartografía a La Guaira que hiede a Guaire en sus peores momentos de sumidero cloacal obligado a procesar digestivamente la escatología tóxica de la ciudad, donde pronto, digo yo, Noé podría verse impelido a navegar ¿rescatando a quiénes? ¿nos anotamos en la lista de espera?

¿Saben lo que (me) pasa? Que si seguimos así, Caracas va a terminar siendo la alfombra del Ávila y a mí no me da la gana.

Mientras, yo me declaro caraqueño convicto y confeso. Caraqueño delirante por sobredosis avileña Caraqueño por adicción. Caracas se desborda en mis autorías. Pero, igual que cualquiera, suspiro por otros paisajes que seduzcan mi mirada polígama. No estoy anclado. Mi existencia es portátil. Hay tantos imanes...


(Manuel Cabré: El Ávila desde San Bernardino. 1939)

lunes, 18 de septiembre de 2006

Caracas full (indi)gente

Venga, que ya arrancó todo de nuevo. Y todos estamos aquí, again. ¿Cuántos millones de caraqueños somos y seguimos contando? El Metro asqueroso, impenetrable de gente, putrefacto de sudor caduco y restos alimenticios encerrados en sus ataúdes marca tuperware o en sus clones expendidos sobre la acera por tropas de buhoneros. “Empújame, que yo te pisaré” es el enésimo mandamiento de una deidad subdesarrollada. La autopista vomita millones de automóviles con flatulencia de monóxido carbónico. Súmanse colas de autobuses amarillos repletos de infantes madrugadores. Lotes de asalariados agradecen el anatema bíblico de sus trabajos. Docentes malencarados asumen la mnemotécnia cual terapia de shock aplicada a sus alumnos: “repitan después de mí, los héroes patrios son…” Y los recogelatas gozando un imperio: el suyo propio, exclusivo de ellos.

Pero siempre, aunque lejos, nos queda Eiffel: ese faro.
(Photo by Kimberly Simancas)

sábado, 16 de septiembre de 2006

Miranda: segundo capítulo

(A Edith: alteridad, musa, fetiche, amante).

(A Lorena: fotógrafa y documentalista digital and my very own “Leander”).

En mi familia nos gusta pensar que estamos emparentados con Sebastián Francisco. Pero no con el “Generalísimo” de galas castrenses, sino con el hombre de mundo; el viajero; el bon vivant; el gastrónomo que incluía manjares lascivos en su dieta; el hedonista; el inquieto intelectual y lector consecuente; el esposo de su eterna Sara Andrews que atesora en Londres la soberbia biblioteca mirandina; el orgulloso padre de Francisco y Leandro, su primogénito; a quien honra bautizando el buque de 180 toneladas con el que desembarca en La Vela de Coro e impone, cual hombre pisando la Luna, “su” bandera venezolana (mi propia hermana, a la sazón, nace un 12 de marzo, honrando la fecha histórica que conmemora la primera “ondeada” al viento de la tela tricolor, pero, ojo, navegando en el “Leander”. La bandera izada en el asta soportado sobre territorio patrio data del tres de agosto de 1806).

Esa es la talla del Francisco de Miranda que nos enraiza ficcionalmente. Nada que ver con la estatua de la plaza homónima y ni siquiera con la avenida, que no es que lo desmerezca, pero en este particular preferimos pasar del urbanismo respectivo. Sin embargo, a mi hija Lorena y a mí nos emociona este homenaje pétreo cuya foto aquí publico: el apellido Miranda impreso en pleno Arco del Triunfo parisino, evidenciando la gratitud gala por el entusiasmo con el que suscribió los ideales libertarios de la Revolución Francesa este “Mariscal de los ejércitos del norte” que, en batalla memorable, venció a los prusianos.

Nuestro tatara-tatara-abuelo, si es que lo fuese, no requiere esculturas broncíneas ni ecuestres. Apenas el tributo de la memoria, fragmentaria, etérea, disoluta memoria. Yo, por mi parte, me niego a someterse a pruebas de ADN que pudiesen incriminarme con su gesta heroica. Yo, el antihéroe lector de antihéroes y autor de personajes antihéroes. Si sirve de algo esta minúscula evidencia: mi abuelo paterno, al igual que Sebastián Francisco, era masón. Por lo demás, hurgando en el escudo heráldico apenas descubro que provenimos de la Rioja, región de vino rojo sangre. Google earth me enseñorea con especificidad satelital mi gentilicio, plantándome en el mapa topográfico de Haro. Así es: Miranda de Haro, Carvajal, Yánez, Ybarra (omitiendo, por lo pronto, los apellidos maternos que me remiten a don Diego Luque, fiero inquisidor, colega de Torquemada). Averno suficiente que salda el karma de sucesivas generaciones.Caso contrario, reservo círculo en el infierno del divino Dante, decorado por Boticelli, al calor de mis reiterativos pecados capitales que, ahora y aquí, encarno a plenitud gozosa y plenipotenciaria. Amén. Per secula seculorum. Nihil obstat (latín de mi bachillerato en humanidades que, trío de décadas después, me sirve de algo). Fin de este post

martes, 12 de septiembre de 2006

Miranda, el héroe elegante

(A Lorena y Kim: lectoras imprescindibles, destinatarias esenciales)

No, no he visto la película. Es que me topé con este soberbio "Miranda en La Carraca" pintado por Michelena un par de años antes de morir y me provocó demasiado colgarlo aquí en mi blog. Ya sé que no es lo mismo pararse delante de él y admirarlo en sus dimensiones de gran formato allá en la caraqueña Galería de Arte Nacional. Pero aquí está, ahora y aquí, como un pedazo de Cádiz en 1816. En general, siempre me han aburrido los héroes. Pero no es el caso de Sebastián Francisco, el espléndido dandy coterráneo que sedujo a Catalina de Rusia y paseó por el planeta en la justa escala que le permitía su época. Ese Miranda a escala humana, demasiado humana es el que a mí me interesa. Que los registros históricos se ocupen del oropel restante.
(Arturo Michelena: "Miranda en La Carraca". 1896. Oleo sobre tela. 196 cms. x 245 cms.)

lunes, 11 de septiembre de 2006

SEPTEMBER, ONCE: SIN TON NI-XON

No se asusten con la foto que voy de cine.

Disiento absolutamente de un amigo cinéfilo quien me desaconsejó este film: “The assassination of Richard Nixon” (2004). Debe ser que lo vio en una sala de cine y los vecinos de butaca no emanaban buen feeling o las cotufas rumiadas destilaban sal y el refresco perdió el gas. No lo sé.

Yo me vi la película en el dvd doméstico, repatingado en el sofá, refrescando con regularidad premeditada mi trago servido en el tazón azul traslúcido de Starbucks que me trajo mi cuñada Betty de gringolandia. Y aunque se supone que en este obeso recipiente se tome café, pues yo escanciaba ron añejo creole entre rebosantes cubitos de hielo que crujían ahogándose en el infierno etílico de 40º.

Y la peli me gustó, obviando el estúpido título de "Días de furia" que le impusieron para nuestro mercado spanish spoken. A mí, como espectador, todo me funciona salvo los seis minutos finales que reflejan, según nos advierten, una “true story” que resulta harto oportuna tal día como hoy.

El ex-duro que noqueaba paparazis cuando estaba empatado con Madonna, o sea, Sean Penn, convence en su encarnación de un vendedor a quien se le desmorona su mundo alrededor y decide inmolarse llevándose por los cachos al embustero supremo. Si, ya sé que la anécdota está trillada: “Temed la ira de los mansos” y tal. Pero aquí asistimos al proceso pormenorizado de la angustia contenida goteando, al desenmascaramiento de la pesadilla americana y no quiero seguir incurriendo en lugares comunes y frases hechas.

Apenas digo que, así, por casualidad, me topé con este film en fecha emblemática y disfruté su intensidad in crescendo que transcurre aquel 1974 cuando “Dick” Nixon gobernaba exhibiendo su grotescocefalia que ha permitido fabricar millones de máscaras de halloween con sus rasgos. Nada de Watergate, todavía.


Estoy comenzando a rebatir la tesis de Burris Frederick (Skinner, of course), de que “la historia nunca se repite”. Creo que, en esta asignatura, somos repitientes recalcitrantes.

"Ven desnudo. Sal vestido"

Tal el eslogan de la boutique catalana de moda casual "Desigual". Y sí que fueron. Sí que sí. Más que a la convocatoria de Spencer Tunick. Total, estamos en verano y aquí hay regalo incluido, más allá de la copia de la foto autografiada, tamaño 8x10, que te debe llegar por correo postal en cualquier momento. De aquí sales vestido de la cabeza a los pies, lingerie 100% cotton también. Los mercadotécnicos habían previsto un centenar de consumidores y llegaron quinientos cuerpos empelotados. Ahí, en la foto extraida de www.elpais.es, los ves. Y se les ve bien, a su aire, contentos, a por la ropa, tío.

Imagen edénica que deberíamos clonar por estos trópicos, ¿no? A ver qué pasa, digo yo. Filas de Adanes y Evas frente a las Quintas Leonor de todo el país (la manzana sería la ropa y la serpiente el mercader, exégesis bíblica dixit). Los abstencionistas del naturalismo que se queden en sus casas. Nosotros, aquí en la cola, desvestidos y alborotados, esperando ¿votar?

—Par de bluyines me voy a encasquetar uno sobre el otro, mi pana.

—Así se habla, compañero, yo vengo por mi chemise colegial y unas bermudas que combinen.

—¿Ustedes sabrán en que piso estarán los trajes de novia?

—Claro, muñeca, yo mismo te escolto.

Esta tendencia se denomina "ambient marketing" y consiste en convertir al propio consumidor en el aviso publicitario. El viejo visionario que era McLuhan se quedó corto cuando esbozó aquello de que "el medio es el mensaje". Este bendito tercer milenio nos grita que "el cuerpo, imbécil, el cuerpo es el mensaje".

Y vaya si hay corpus donde ya me gustaría escribir a mí, demorándome luego en las correcciones, editar, revisar sinónimos, voluntariar circunloquios, copiar y pegar.

viernes, 8 de septiembre de 2006

Bailarina L

“A Lorena: coreógrafa de sí misma, ojos boquiabiertos que se asoman al mundo, recomponiéndolo a la medida de sus pasos”. Tal es la dedicatoria que le ofrendé a mi hija en mi libro “El baile de los elefantes” (Monte Avila Editores, 2004) y que hoy, más que nunca, suscribo al cumplir sus 14 años, océano Atlántico de por medio, y qué mejor obsequio, digo yo, que París para celebrarlo. Nada más. Nunca menos.

jueves, 7 de septiembre de 2006

Caperucita tercer milenio: "soñaba decapitar al lobo"

Con mi esposa y mis hijas de vacaciones, pues yo mismo me había propuesto dejar reposar el blog un poquito, desbordando el ocio de mis predios domésticos, pero se encontraron mis ojos con los de esta niña aquí expuesta y me dije en voz alta: "¡joder, sí es Caperucita!". De inmediato me percate que se trataba de Natascha Kampusch, la infanta vienesa desaparecida camino a clases hace una década y que resultó estar secuestrada, raptada, enclaustrada bajo prisión domiciliaria ajena (adoro los putos sinónimos) por el lobo feroz, denominado en este milenio Wolfang Priklopil, quien al verse desprovisto de su muñequita privada, de tamaño natural, ¿eh?, que no es un bonsái, pues se arrojó bajo los rieles del tren. Dice hoy la Caperucita (pero no hay sino que mirar la foto para "verla") Kampusch que, allí encerrada, tenía un sueño recurrente: decapitar al lobo, decapitar al lobo, decapitar al lobo. Cuídate de tus sueños, Natascha Roja (más bien púrpura, según la foto), que, inesperadamente, se vuelven realidad. El bobo feroz se decapitó él mismo, a sus 44 años jugando a Guantánamo, usando el transporte público cual guillotina. Concluyo yo parafraseando a ¿Verlaine?: "hay otros Guantánamos, pero están en Viena".

martes, 5 de septiembre de 2006

Concierto para fusil solo

"Los entusiasmos son individuales;
la hostilidad, colectiva".
(Luis Goytisolo)


Tengo al jinete en la mira de mi M—90. Lo sigo en sus maromas. Espero a que haga caballito. Le disparo entre el pulgar y el índice de su mano derecha. La bala entra y sale rebotando en el asfalto. El casquillo refleja el sol apenas un instante. Luego se me pierde de vista. La moto reposa ladeada encima de su ¿dueño?. Se sostiene lo que queda de la mano derecha con la izquierda. Aprieta su muñeca en un intento vano de parar la sangre que mana. Su rostro está contraído en una mueca. Reprime las lágrimas. Ahoga un grito. La palidez y el sudor frío son inminentes. Repta hasta salir de abajo de la máquina. Ya no hay nadie alrededor. De pie, intenta sostener su revólver. Se le cae. Lo alcanza y enfunda en su cintura. Grita alguna de las maldiciones que conoce. Seca su frente con el vello del antebrazo desnudo. Levanta la moto dificultosamente. Cabalga y acelera. Se va contra la isla. Aminora la marcha. El manubrio es la muleta de su cuerpo. Doblado sobre sí mismo. Desaparece sin acrobacias.

Resquebrajaron con júbilo las vitrinas de los comercios. Deshilacharon las santamarías. Saquearon a gusto. Volvieron añicos lo que no pudieron cargar. Con los automóviles que constituían su botín, tumbaron las rejas sucesivas del estacionamiento. Sortearon los muros perimetrales con siniestra destreza. Arrancaron los alambres electrificados cuyas púas exhiben restos de miembros putrefactos. Retinto en sangre ennegrecida, un dedo devenido en veleta se debate entre el sur y el oeste. Pero las entrañas del Llaeco son fortaleza inexpugnable.

Olaf me entrenó en el tiro al blanco. Primero fue el arco y la flecha. Para tensar el pulso y afinar la puntería. Después la ballesta, el flower, la escopeta, el rifle. A los 21 mi browning. El arsenal no cesa de crecer. Cualitativa y cuantitativamente. La seguridad se torna obsesiva.

El Doria, el Troya, el Giovanna, el Lourdes, el Rebeca, el Trianón y demás edificios vecinos han sido invadidos. El incendio de la cervecería América se propagó a las instalaciones circundantes. Alcanzó Victoria Motors y Cars—Tocars. La explosión de los automóviles fue un evento memorable. El estallido de los vidrios y el posterior humo negro está grabado en mi handycam. La farmacia Aurora quedó arrasada.

¿Dónde están los gatos callejeros y las palomas?

En la ciudad ya no hay bombeo de agua ni suministro de electricidad.

Las hordas atacan. A plena luz del día. Se acercan de a 2 y 3 por moto. ¿Habrán descubierto un nuevo combustible? ¿Cómo les alcanza y de dónde sacan la gasolina? Esgrimen sus armas sin dispararlas. ¿Les quedarán balas?

En silencio, recorremos la terraza en forma de "L", a dos niveles. Desde aquí dominamos 360º. Al norte, lo que resta de la ciudad universitaria; el edificio rojo de la biblioteca; una de las torres de parque central; el Avila con sus cientos de pequeñas fogatas que parpadean en la oscuridad. Al sur, el desierto de la autopista a veces surcada por bicicletas, carritos de supermercado empujados por patineteros; el puente derruido que comunicaba a Valle Abajo con Santa Mónica; las quintas en penumbras de las colinas. Al este, las moles de los hoteles y malls en silencio. Al oeste, médanos inquietantes; aullidos que espantan a mis canes; texturas de incertidumbre. Armados con binoculares de visión nocturna y rifles con miras láser, alternamos el espionaje de sombras verdinegras y fulgurancias infrarrojas con la contemplación de los cuerpos siderales que, a punta de gravedad newtoniana, amenazan con caernos encima, desprendiéndose de la bóveda celeste.

Hoy, jugando con la bazuca, Margarët hace estallar un Volkswagen que zigzagueaba por la calle Codazzi. Dice que siempre ha detestado esa marca de auto. Tan feo y ruidoso. Como un mamut enano sin colmillos que se ha incrustado en la fachada del liceo público. No hay señales de vida. Ni del conductor o pasajeros.

Nos hemos acostumbrado al silencio. Y sin embargo es tan opresivo. No se escucha música por ninguna parte. Ni el solo de un instrumento. Tarareamos melodías para no olvidarlas. Tratamos de identificarlas. Título. Intérprete. Género. Año. Nombre del disco o si es el tema de una película o programa de televisión o el jingle de un anuncio publicitario. Ni modo. La memoria es resbaladiza y mentirosa. Nos confundimos y le ponemos la letra de una canción al ritmo de otra.

¿Las palabras conservarán su significado? ¿Azul será siempre azul, azúcar, azucena? ¿Seguiremos comunicándonos con sonidos o se impondrán los ademanes, los gestos lejanos, las señales? ¿Sobrevivirá el lenguaje? ¿Este lenguaje que usamos?

Extractos de mi relato finalista en el IV Concurso Nacional de Cuentos SACVEN, inscrito en el género de pánico ficción". Publicado en la webpage de ficcionbreve.org, Pueden leerlo completo accediendo directamente mediante este link: http://www.ficcionbreve.org/cuentos/fusilsol.htm

sábado, 2 de septiembre de 2006

De qué hablamos cuando hablamos de literatura infantil

Gracias a Carver por el leasing que titula este post y el artículo homónimo publicado en la blog-revista de los Chang brothers. Este número septembrino está dedicado a la infancia, sus juguetes y, entre ellos, la literatura infantil. Vecinos de lujo tengo yo en esta edición que logra niveles líricos, soberbios íconos y humor. Ah, el humor, el humor, el humor. Para acceder, opriman justo aquí: http://hermanoschang.blogspot.com/
Ah, y gracias a Roger Michelena por su doble generosidad de “circularme” en su boletín de ficcionlibros y linkearme en su soberbio blog: http://www.libreriamichelena.blogspot.com/
(Imagen espléndida by Knight Potter)

viernes, 1 de septiembre de 2006

Rescatado el ego noruego, merced a Munch, grita desnuda su madonna pelinegra

El ego noruego se hallaba extraviado desde aquel proverbial 22 de agosto de 2004, cuando un par de "amigos del arte ajeno" (o miembros honorarios de la cofradía de fanáticos de Munch, la apócrifa "Munch's Fans Club"), sustrajeron del apacible Museo Munch de Oslo el archireputeadísimo ícono de "El grito" y la menos aireada "Madonna" munchiana (nada mediática, por suerte, hasta ahora que experimenta sus quince minutos de escándalo masscultiano que mentaba el Warhol y teorizaba Dwight Macdonald). Hoy, en soterradas aunque felices circunstancias, ambas obras aparecen y los encargados museísticos prometen, prontamente, permitir su acceso al escrutinio público. Nuestro entrañable Eduard podrá, entonces, reasumir su reposo inmortal iniciado en 1944. Lo interesante sería ficcionar qué fue de la vida de estos lienzos durante estos dos años: ¿cuál fue su periplo?; ¿traspasaron las fronteras noruegas o permanecieron en el vecindario?. Pero, sobretodo, cuáles paisajes y a quiénes contemplaron la sensual virgen y el gritón; ¿estuvieron juntos, cuán próximos, íntimos, evasión mediante?; ¿intercambiaron puntos de vista, acerca de qué conversaron? Me fascina la idea de esta contrapartida sustanciosa de las obras de arte, eternamente condenadas a ser objetos inanimados de contemplación. Que nos miren ellos por esta vez, que nos espíen, nos observen, nos escruten y que nos cuenten ellos, desde su propia perspectiva, nuestras historias (stories, y mira que aquí sí que resulta útil el inglés para diferenciarse de ese inventario histérico de la memoria que casi siempre resulta la history).

miércoles, 30 de agosto de 2006

Pánico ficción: género de narrativa urbana

“Con el tiempo y la escasez de la gasolina las colas en las calles alrededor del conjunto residencial se hicieron tan densas que los conductores prefirieron prescindir de sus vehículos abandonándolos a su suerte. Las carcasas inútiles de carros y camionetas han sido inmediatamente ocupadas por buhoneros deseosos de proteger sus mercancías de la lluvia y el sol. Algunos persistieron en su comercio informal, otros aprovecharon el espacio techado, vidrios, chapas, asientos y otros materiales disponibles para instalarse con sus familias de un modo permanente. Incluso gozaron por un tiempo de emisoras radiales hasta que se descargaran las baterías: último toque de lujo en la ciudad, donde, por esas fechas comenzó a escasear la corriente eléctrica.”

Este texto inquietante es un extracto de “Señales”, relato de anticipación urbano-apocalíptica escrito por Krina Ber, autora exinédita de Monte Avila y vecina de antología (Alfadil). Sus “Cuentos con agujeros” evidencian a una narradora cabal que nos descoloca, por ejemplo, desde la perspectiva infantil de “Masacre de putas antes de cenar” o nos exprime sonrisas sucesivas con el peculiar love story de “Agujeros”. Variedad de registros que se confirma en el par de páginas de “Escondite”, brevedad donde esta escritora voyeur destaca sobremanera.

sábado, 26 de agosto de 2006

Ciudadana K

Cuando nos casamos Edith y yo, estrenando cada uno nuestro segundo matrimonio, Kimberly me advirtió –imbuida con toda la autoridad de sus 8 años– que no me iba a decir “papá”. Acostumbra2 entonces a llamarnos por nuestros propios nombres, poco tiempo después me presentaba a una compañera de primaria como su “papá”, hábito que se reiteró a lo largo de bachillerato y la universidad Simón Bolívar, compartiendo esa doble identidad libérrima de “Javier” y “papá”. Con Kimberly, pues, inicié mi pasantía paterna. Varios años más tarde, ya con cierta experiencia adquirida en estas lides, me gradúo de progenitor con el nacimiento de Lorena (honrando, además, el orden alfabético). Hoy Kimberly celebra sus primeros 25 años. Hace casi dos años que vive en París, protagonizando un postgrado en biopolímeros, merced a una beca Alban otorgada por la Unión Europea. Brevísima anécdota que hoy comparto, infringiendo el pacto tácito familiar de que cada quien sea su propio portavoz oficial: siempre nos reíamos con una cuña publicitaria ¿de un refresco? donde unos padres harto bohemios tenían un hijo políticamente correcto y viceversa. La publicidad (arte minúsculo del mercadeo) imita a la vida en sus “slices of life” y, en ocasiones excepcionales, logra reflejarla. En la foto reciente, la ciudadana K y la bailarina L, a la sombra de la torre Eiffel. Mientras tanto, al pie del Avila, Edith y yo brindamos complaci2 el aniversario natalicio con edulcorado quesillo criollo y contrastante Merlot sureño. ¡Salud!

viernes, 25 de agosto de 2006

Calígrafo exquisito: el imperativo de la belleza

Concluí la placentera lectura de “El calígrafo de Voltaire”, novela del contemporáneo argentino Pablo De Santis (1963). Es de esos libros que no quieres que se acaben y vas dosificando el texto a ver si, por alguna suerte de inusual prodigio alquímico, le “salen” nuevos folios de narrativa inteligente: ”Dussel había pertenecido a la secta de los Martillos de Dios, que atacaban las imprentas por creer que estas aplazarían por siempre el encuentro del hombre con el lenguaje natural, anterior a Babel. Veían en la letra impresa la verdadera torre de Babel y trazaban, a partir de cálculos incomprensibles para quienes no fueran ellos mismos, una serie de semejanzas entre los tipos de plomo y los elementos que la Biblia establecía como materiales de la torre”. Metáforas –se me antoja– de la impresión por demanda o la blogosfera que prescinde de correctores, editores y otros intermediarios. De Voltaire, por ejemplo, el autor dice que “sólo le interesan las cosas que están hechas de palabras”.En estas 205 páginas fechadas en 2001 nos aguarda, omnímoda, “la belleza que triunfa sobre cualquier estrategia”. Caligrafía que fluye en presente perpetuo, digitalizada en clave cibernética.
(Colette Calascione nos obsequia su imagen precedente del body art: ¿pero acaso existe lienzo o pergamino más digno que la piel?)

jueves, 24 de agosto de 2006

Babel con subtítulos

Vive anestesiado por dosis regulares de alcohol, ficción cinematográfica y nicotina. Tras un par de divorcios y prole dispersa, se impuso no reincidir en trampajaulas afectivas. Cuarenta semanas al año, sus viajes de trabajo bordean el hastío que combate con una antología en video de 1296 películas donde destacan las diez que rescataría de la extinción nuclear; las clásicas; las bizarras; las irrepetibles; las inteligentes; las precursoras; las espectaculares; las tremendistas; las menores; las entrañables; las de autor y un peculiar etcétera, clasificadas en su computadora por director; año de rodaje y fecha de estreno; protagonistas; sinopsis; referencias, influencias y valoración crítica. Frecuentemente, organiza mini-ciclos intensivos del nórdico Jan Kadar o las distintas versiones de un mismo guión, donde sus invitados pagamos con generosas raciones de bebidas y delicatesses el ticket de entrada a la cinemateca que ha erigido en su apartamento de sin cuenta metros cuadrados. En uno de sus viajes, el festival fílmico de Topía y Ramón coinciden. Abandona sus labores habituales de compra/venta para sumergirse sin pausa en la balsámica oscuridad de diversas salas contiguas. El concepto multiplex lo absorbe y encandila. Películas transculturales, babelparlantes con subtítulos. Reflejos deslumbrantes de otras vidas. Operas primas, cine-foros, retrospectivas. La inteligencia luminosa del celuloide que sintetiza y celebra a las demás artes.

Black out. Extrañamos sus maratones fílmicos, e-mails epilépticos y telefonemas prolijos. Sus ex-mujeres se agrian por la omisión de los depósitos bancarios que cubrían la manutención legal de las niñas. En sucesivos encuentros que incrementan su frecuencia, Margot, Estela, Olga, Gerardo, Luis y yo escribimos, a doce manos, el guión virtual de una película fuera de foco donde Ramón se hace cargo de un premio gordo cualquiera. ¿Cuál de tus films predilectos estás protagonizando? Sobredosis de alcohol, nostalgia y nicotina salpican nuestras tertulias.

(Con este relato breve participé, hará un par de años, en el renglón "Cuentos de cine" del Festival Fílmico de Gijón. Las bases establecían, básicamente, escritos inéditos en español, focalizados en la proyección de ficciones, que no superaran las veinte líneas de texto. Hubo un premio único al que no accedí. Concurrieron cerca de tres mil obras procedentes de buena parte del planeta. Siempre extrañé la iniciativa de una antología que compilase –qué sé yo– "Ciento 35 cuentos de cine". Ah, la foto que antecede este post podría titularse, sin mucho esfuerzo, "3B", ya que en esta cama coinciden las dos "b" de la Bardot y, no menos, la otra "b" de Jane Birkin, perversa fetiche de "Je t'aime moi non plus": ¿gala de la belleza gala?).

lunes, 21 de agosto de 2006

Marketing ¿literario? de la cuarentona Editorial Planeta, capítulo Venezuela

Este sábado 19 me compré un par de libros, casualmente novelas escritas por autores argentinos nacidos en 1963 y, también circunstancialmente, editadas ambas por filiales del grupo Planeta. Hasta aquí todo marcha de maravilla, salvo que los libros ya no ostentan su precio y el lector/consumidor debe inquirirlo a libreros no profesionales (ni vocacionales; son empleados de sueldo mínimo haciendo malabares para sobrevivir), o buscar el dichoso “escáner” de código de barras que, con su zumbido electrónico, escupirá en pantalla el monto a pagar.

Me convenzo a mí mismo de la imprescindibilidad de tales lecturas y paso por caja a cancelar en efectivo, cash contante y sonante que no deja huellas. Grata sorpresa cuando me entregan, además de la factura correspondiente y mis libros embolsados, un par de “cupones”que me otorgan, en retribución a mi adquisición literaria, el derecho a participar en la rifa de (cito textualmente las “pestañas” numeradas 048823 y 048824 que conservo en mi poder): “8 viajes con un acompañante para Los Roques, Isla de Margarita, Mérida y La Gran Sabana. 3 días, 2 noches (con todos los gastos incluidos). Sorteo: 17 de octubre de 2006 a las 3:00 pm) en la sede principal de Editorial Planeta Venezuela)”.

Y digo yo (naif que soy, publicista que soy, lector que soy, escritor que soy): ¿no hay formas mejores de celebrar estos 40 años de la casa editora en Venezuela que mandándonos de viaje fugaz por la geografía vernácula? El conflicto aquí, como en todo, reside no en quién propuso la idea, sino en quién la aprobó...”Decisiones, tra-la-lá”, resuena en mis oídos Rubén Blades el cantante, no el excandidato político.

Imitando (inflingiendo, plagiando, para que les duela) un juego de rol mercadotécnico, yo –casa editorial– pretendo vender más libros y, por ende, promover (estimular, maximizar, optimizar, potenciar) el hábito lector entre los individuos de mi minúsculo mercado, ya que, simplemente, vivo de esto: de vender libros para que la gente los lea o rellene estantes por metro lineal.

Así que mi celebración de mis cuarenta años consistiría, entonces, en premiar (reforzar positivamente Skinner dixit) la conducta de adquisición de libros por parte del mercado lector (consumidor de libros editados por mí), rifando 40 “combos” de premios de Bs. 400.000 cada uno canjeables por libros perteneciente al amplio stock de Editorial Planeta Venezuela (o, desplegando el refrescante abanico de las posibilidades, sortear 40 “paquetes” de 40 libros de bolsillo), ¿no?, en lugar de usurpar las funciones de una agencia de viajes (a menos que exista una subramificación de negocios que yo ignore olímpicamente). Me pago y me doy el vuelto: te premio con mi propia mercancía, la promuevo, consolido lectores y genero fidelidad de marca, al igual que Fidel ostentando el logo Adidas.

Yo, naif, aplaudiría cándidamente la idea (acariciando tiernamente el concepto perverso de que “mientras más libros compre, más cupones acumulo y más chances tengo de que la diosa fortuna o el dios azar se fijen, dadivosamente, en mí).

Yo, publicista, les facturaría con justiprecio mi idea y respetaría el buen criterio de la aprobación gerencial respectiva.

Yo, lector, apreciaría enormemente la posibilidad de hacerme de un generoso lote de libros para mi biblioteca.

Yo, escritor, me quitaría el sombrero ante una casa editorial que honra sus funciones de promover la lectura mediante el sano ejercicio de la gestión comercial que le es inherente.

Yo, competencia, cogería ejemplo. Las mercancías culturales se gerencian y, más aún, si son trasnacionales con soberbias webpages:
www.editorialplaneta.com y www.editorialplaneta.com.ve donde invitan a contactarlos, cosa que haré inmediatamente a la publicación de este post, remitiéndoselo, of course, a la casa matriz y a la sede creole, vamos, sin discriminar.

Otra cosa, a quien le incumba específicamente: deroguen esa fea costumbre de colocarles “preservativos” (léase condones) de celofán estridente a los libros, impidiéndonos hojearlos. Ya que el 98,72% de los empleados de las librerías no tienen la más puta idea de títulos y autores (ni siquiera consultando la base de datos de la computadora, cuando la hay y no es, sencillamente, una caja registradora que cuantifica ingresos), los lectores penitentes que protagonizamos extemporáneos vía crucis por las librerías nos vemos obligados a “ojear” (sic) con nuestras pupilas los libros, escudriñándolos obscenamente entre la desnudez de sus páginas impregnadas con el vello púbico de las letras impresas en ellas y sin técnica depilatoria que valga (las letras arrancadas siempre vuelven a salir con sus cañones más empecinados que antes).

Fetiches tipográficos aparte, el par de libros de bolsillo que me obsequié son: “El calígrafo de Voltaire” y “El secreto de los flamencos”. Autores vivitos y coleando (en cola para cobrar sus royalties): Pablo de Santis y Federico Andahazi.

Ah, cuidado con las sobre-promesas publicitarias (traducción a lo bestia del término anglo “over promessing”, que dicen los gringos, padres putativos de estas disciplinas de “trade”): el domingo antepasado, con derroche de centimetraje, Editorial Planeta Venezuela vocifera desde las páginas de alguno de los periódicos en formato estándar de circulación nacional (mis perros prefieren el papel de “El Universal”, dada su mayor absorción y reacción cromática de la tinta a la orina) que los títulos de Booket, esa deliciosa colección confortable al bolsillo, no sobrepasarán los diez mil bolívares por ejemplar. Quiero que sepan que, a lo largo de media docena de librerías ubicadas estratégicamente en malls del este caraqueño, no existe disponibilidad (ni conocimiento) de tal promoción cuarentona. De modo que yo me quedé vestido (con marcas outlet) y alborotado, con las ganas intactas de comprarme media librería a cuestas, hipotecándome hasta el alma de hipopótamo inflado con las pretensiones de leer a precios de saldo, liquidación, “sale”, rebajas, descuentos, o-fer-tas trisílabas.

¡ De nada, pues !

Berrinches de lector con derechos que me creo yo.

domingo, 20 de agosto de 2006

$3 millones por un clo(w)n (sic) de Elvis, pero no Costello

Venga, que estamos en verano y (como versificaba Vallejo) hay cosas en la vida que, ay, yo no sé. Pues sí: hay veces en la vida en que nos podemos permitir el lujo de jugar un poco a banalizar las cosas –pero, sobretodo, a "balanizarlas" (sic), aunque éste no sea el caso–. Así que me anoto al concurso que se ha inventado un tipo mentado Adam Muskiewitz, allá en los juditédsteys, ofertando un premio único, intransferible e indivisible de tres millones de verdosos dólares gringoides a quien denuncie el paradero comprobable de Elvis Presley, con objetro de ser extraditado a Tennessee y sometido a procesos irreversibles de clonación y criogenía.

Parece ser, pues, que míster Muskiewitz se hartó de tanto tonto "clo(w)n" (sic) –el neologismo is made by myself, ¿okey?– que pulula por ahí ridiculizando la memoria del reyezuelo obeso de Memphis. Y en este orden de ¿ideas?, montó este parapeto mediático para alegrarnos el tedio y otorgarle algún sentido a su existencia, logrando prorrogar su proyecto de vida: un pretendido documental fílmico sobre su ídolo omnífago, titulado –en el colmo de la originalidad– "The truth about Elvis". Para quienes deseen comprobar la veracidad de lo aquí expuesto, la webpage correspondiente es: www.elviswanted.com

Confesaba Elvis Costello en una entrevista apócrifa a un periodista germano la maldición que había supuesto llamarse, también, "Elvis" y dedicarse, además, a la música angloparlante y en el mismo país, con escasos años de diferencia.

Este post implica mi participación en el concurso, pero sin la posibilidad de conceder absolutamente ninguna garantía en cuanto a la comprobación de mi relato: Tras declararlo clínicamente muerto aquel legendario 16 de agosto de 1977, el ambicioso forense cruzó la frontera canadiense con dos docenas de botellas resplandecientes de bourbon, para aligerar su conciencia, y un hiperbólico puñado de dolares. Elvis, por su parte, una vez suplantado su cadáver, tomó un vuelo privado, sin escalas, hasta una polvorienta y destartalada pista de aterrizaje en la xerófita península de Macanao. Desde entonces, temerario por naturaleza que sigue siendo el rey, Presley frecuenta el mercado de Conejeros para consumir litros de merengadas de frutas tropicales donde naufragan docenas de empanaditas de cazón con tajadas y caraotas refritas (tales tres ingredientes conjuntos en cada una de las fritangas neoespartanas). Establecer las coordenadas exactas del domicilio ¿elvítico, preslyano, elvisiano? ha resultado más arduo. Ya sé que esto es un burdo eufemismo para no reconocer abiertamente el fracaso de las pesquisas que no han arrojado ni el más minúsculo resultado en cuanto a data precisa que permitiría a la vigilancia satelital un "barrido" con saldo positivo. No en vano, continuaremos indagando con idea de sumar nuevos aportes a la búsqueda.

Se me ocurre la opción de establecer una "cooperativa" de ojos sabuesos para esta "search, but not to destroy", a ver si le conseguimos a Elvis asilo junto a Lady Di y Lennon, pues Diana ya no soporta las maledicencias de John sobre Yoko Ono y cómo está malgastando su herencia. Para hacerlo callar y desesperarlo, Lady Di le tararea "all you need is love" hasta que el exbeatle solicita el arbitrio beatífico de George Harrison.

Ah, el lapso improrrogable para participar en este torneo expira el primer día de junio, pero del 2008. Al premio en metálico de tres millones de dólares estadounidenses se le aplicarán las deducciones tributarias respectivas. Cosas veredes, Sancho. Good night and good luck.



viernes, 18 de agosto de 2006

Elecciones literarias en tierra de letras

En un país asediado por los sufragios hasta fines de 2006, constituye un vendaval de alivio que Letralia promueva un certamen entre lectores para indagar en torno a los libros que, en nuestro idioma, nos han dejado huella, circunscribiéndonos a los publicados en la década comprendida entre 1996 y 2006.

Se trata de elegir un libro por lector, vinculándose directamente aquí:
http://www.letralia.com/tierradeletras/libros.htm

Limitándome a mi biblioteca (o sea: tres estantes sucesivos de madera de pino barnizada que amueblan el pasillo del apartamento), yo voté por la metanovela “Quién”, del escritor español Carlos Cañeque (a la sazón, Premio Nadal 1997). ¿Por qué? Por sus ficciones concéntricas en torno al hecho de escribir como afición y oficio y la deconstrucción alevosa del mundillo editorial y sus múltiples personajillos. Una frase de muestra: “Nosotros, los lectores, también podemos ser ficticios”. Novela peculiarmente sugerida a lecto-escritores.

Más que las coincidencias, lo interesante será la posibilidad de apreciar la diversidad de lecturas y criterios, tantas como “(e)lectores” (sic) decidan participar.

Enhorabuena a Jorge Gómez Jiménez por esta iniciativa, como celebración exquisita de la primerísima década de Letralia.

Huff: dosis singular de inteligencia y humor

Excepcionalmente, entre la telebasura se abren minúsculos resquicios para la inteligencia y el humor. Cuando ambos ingredientes coinciden en una misma teleserie (canadiense, no gringa), entonces se trata de este prodigio mentado “Huff".

El capítulo final de temporada, que se repite este domingo a las nueve de la noche por A&E Mundo, merece un premio especial por su estructura narrativa evidenciada en la “edición”. Resulta un pleonasmo añadir que Oliver Platt, Hank Azaria y Angélica Huston encaran con virtuosismo “sus” espléndidos personajes concebidos por Bob Lowry.

miércoles, 16 de agosto de 2006

Incunables cinematográficos

Mi proveedor de DVD's me acaba de entregar una copia impecable de "Portero de noche" (1974), el filmcunable de Liliana Cavani, la intensa regista italiana que me sedujo con "Mas allá del bien y del mal" (1977) y "La piel" (1981), me desinteresó con "Detrás de la puerta" (1982) y me volvió a cautivar con su versión de "El juego de Ripley" (2002).

Lo único objetable a mi copia de "Portero de noche" es su doblaje, made in Spain, a un "español fílmico bizarro" en el que las féminas suenan igual de cachondas diciendo "prefiero una taza de té" que "cómeme el coño". Obviando este audio-inconveniente de léxico y entonaciones delirantes, pues me impongo calibrar las casi dos horas de este soberbio juego de roles entre una jovencísima y famélica Charlotte Rampling y el "Dark" (sic) Bogard que nos retrotrae a un 1957 cuando yo, aún, no existía. Refresco el agobio situacional que me dispara la pantalla con sucesivas botellas azules, cuales ojos de la Rampling, de gélida y blonda Solera light.

Su óptica de Nietzsche (verbigraciado por Erland Josephson, actor fetiche de Bergman) y su partenaire ginecológica e intelectual Lou Andreas Salomé (encarnada por la perversa polimorfa que es Dominique Sanda), es una exquisitez que me encantaría volver a degustar sobre el mullido confort de mi domesticidad. Así que, tiempo ha, se la he encargado a mi dealer, sin resultados visibles, con el título detallado en varios idiomas: "Más allá del bien y del mal"; "Jenseits von gut und böse"; "Al di lá del bene e del male". Preferiblemente, of course, en su idioma original y subtítulos in spanish.

Otro incunable en DVD que apetezco es "Les valseuses" (1974), titulado entre nosotros con el refrán de "Las cosas por su nombre", road movie escrito y dirigido por Bertrand Blier, novelista francés instalado cómodamente en la cinematografía. El casting dispone de un Gerard Depardieu imberbe, la eterna veterana Jeanne Moureau y una perturbadora Miou-Miou que descubre el orgasmo acrobático, una y otra vez, en el asiento trasero de un compacto automóvil europeo.

De este milenio resulta "Dancing at the blue iguana", film fetichescus dirigido por Michael Radford, cuyo imán, a todas luces, es el strip-tease de esa divinidad rubia denominada Daryl (palíndromo) Hannah. Cuenta la leyenda que, para adentrarse en su rol, la "JánaJ" (permítaseme fonetizar su nombre a ver si, cual deidad lúbrica, invocándola se me aparece), laboró clandestinamente en varios puticlubs extraviados dentro del anonimato de la geografía gringa, hasta que percibióse convincente para otorgarle cuerpo, flesh and bone dicen allá, a su papel protagónico de nude dancer. Bendita Daryl abandonada por el descastado de John-John, otro Kennedy signado por el anatema familiar de la muerte súbita, herencia maldita de enfermedades, accidentes y atentados. Compañera de reparto de la Hannah es la "chinita" canadiense Sandra Oh, identificable como la doctora Cristina Yang de la gris teleserie "Grey's anatomy" o en su sexyviolento personaje del film "Sideways" ("Entre copas", 2004, by Alexander Payne).

Si consiguen alguna de estas alhajas, agradezco la gentileza de compartir el dato a través de este mismo medio. Por lo pronto, confío en que disfruten tanto como yo el ícono que (me) obsequio: "Der nacht portier".



lunes, 14 de agosto de 2006

Fidel(idad) de marca en sus 80 años: Adidas sobre el pectoral ¿derecho?

La tentación de redactar y publicar este post es superior a mi firme propósito de no hacerlo. Fidel y sus asesores de imagen me pusieron el chance en bandeja de plata. La marca Adidas en el pectoral diestro del Comandante convaleciente es demasiado obvia, legible e identificable. ¿El mono deportivo que atavía a Castro en lugar del pijama arquetípico es un Adidas original o un clon made in Hong Kong, la zona industrial de Cagua entre mataderos de cerdos y gallineros o wherever, pero imitación, copia, falsificación textil de a 3 dólares and eighty fucking cents? ¿Adidas es el sponsor de la revolución y uniformará de ahora en adelante a los atletas cubanos y a los jerarcas durante sus post-operatorios? ¿Borrarán el brand de Adidas merced a las bondades efectistas de photoshop en las sucesivas versiones de la foto? ¿Qué estarán pensando (temiendo, elucubrando durante sus brain stormings) los cerebritos mercadotécnicos de Adidas, alarmados a 90 millas overseas, trasnochados, ojerosos, insomnes y, desde luego, con peor semblante que el mismísimo cumpleañero octogenario que nos ¿sonríe, observa, escruta? desde la intimidad del retrato hospitalario de Fidel? Ya en confianza, díganme aquí en voz baja para que nadie se entere: ¿esto fue un pelón (equivocación, error estratégico, pecado mortal) de la encargada de vestuario o estamos asistiendo al lanzamiento de una preclara campaña publicitaria, de sutileza contundente, para vestir a los mandatarios del planeta? Sea lo que sea, desde este soberbio minarete que me prodiga mi blog, yo los felicito por esta exhibición tan fashion de premeditación casual y elegante alevosía.
Nota para Bush y su tropa de asesores: por una vez en tu vida, Boy Georgie junior, coge ejemplo de tus vecinitos cubanos y fíjate que este atuendo rojiblanco de Fidel Castro, marca Adidas, resulta mucho más idóneo para el clima tropical que las horrendas bragas anaranjadas que les obligas a usar a tus huéspedes de Guantánamo Resort. Oyeme, y por cierto, chico, me parece que los dealers de Adidas como que se burlaron de tu bloqueo comercial a la isla, ¿o no, my man?

domingo, 13 de agosto de 2006

Historia personal de la radio

Recién acabo de hojear la edición aniversario de El Nacional y me encuentro con una columna que reseña fugazmente el momentum dichoso que protagonizó Radiodifusora Venezuela en los años ochenta y noventa. Se me dispararon los recuerdos que me involucran y me provoca compartirlos ahora y aquí. A ver cómo lo cuento con la fluidez que exijo a mis lecturas: en pocos años, yo pasé de ser oyente habitual de "Difusora", a locutor y productor independiente del "El ocio es nuestro negocio", primero, y gerente de programación, después, haciéndome vecino de Marisela Bonilla (una de las primeras y legítimas disckjoketas venezolanas que erotizaba el dial); Arturo Camero, profunda voz autorizada de su "Música sin parámetros"; Gian Visconti, con su timbre nasal y su aguerrido rock nacional; la periodista Erika Tucker, compañera de emisiones sabatinas, con su espontaneidad que arrasaba el protocolo hertziano; Guido Pascarelli, cáustico profanador del primer formato radial sobre informática; Armando Garcés y su vanguardia dark; Alfredo Churión, el coleccionista más ambicioso de canciones pop de los años 50, 60 y 70; Jesús Rodríguez, auténtica enciclopedia musical bípeda desde el mayo francés, pasando por Woodstock, Bangladesh y continúa actualizando data en su disco duro. Era la emisora de Ricardo Siblesz, un jefe peculiarísimo al que apenas se le "veía" la voz a través del teléfono unidireccional con línea directa al estudio de transmisión en vivo. Justo allí, manufacturábamos radio en amplitud modulada, sin comprar audiencia mediante concursitos y premiecitos. Tampoco "sacábamos" llamadas de los oyentes al aire. La radio se hacía desde este lado de la pecera, emitiendo ondas hacia afuera, sin canibalizar ni burlar al oyente. No se escuchaban gritos ni fanfarrias. Radio prácticamente sin publicidad, con una cobertura azarosa que potenciaba la señal en el Este capitalino y salpicaba las ondas a paisajes insospechados como Aragua, Falcón y Guárico, dependiendo del clima. Sin ninguna modestia, éramos el dream team de nuestro propio sueño hertziano. En mis programas, acompañado por los punteos de Clapton (“Same old blues”), leía a viva voz un texto de Sam Shepard (no el basquetbolista, sino el esposo de Jessica Lange, guionista de los films de Wenders, actor, escritor y dramaturgo): “Conocí a un guitarrista que decía que la radio era su amiga. Se sentía emparentado no tanto con la música como con la voz de la radio. Su carácter sintético. Su voz, que no había que confundir con las voces que salían de ella. Su voz, la voz, voz de radio. Su capacidad para transmitir la ilusión de personas a grandes distancias. Nuestro guitarrista dormía con la radio. Soñaba con un etéreo país de la radio. Creía que jamás encontraría ese país, de modo que se contentaba con limitarse a escucharlo. Creía... que había sido expulsado del país de la radio y estaba condenado a vagar eternamente por las ondas, buscando una emisora mágica que le devolvería la herencia perdida” (Crónicas de motel, Editorial Anagrama, 1979).

jueves, 10 de agosto de 2006

Desnudos de museo

Este fotógrafo cojonudísimo que es Spencer Tunick desnudó de nuevo a la gente, pero esta vez al calor del museo de Dusseldorf y a la sombra luminosa de lienzos hermosísimos, pletóricos –algunos de ellos– de gloriosas epidermis. Exhibición de geografías humanas, demasiado humanas, que le agradecemos a Tunick, sobretodo cuando hace poco, aquí mismo en Caracas, embelleció nuestro downtown por unas horas, poblando de soberbios cuerpos desnudos (altos y flacos al estilo del Greco; generosamente obesos parafraseando a Botero; jóvenes de la tercera edad desafiando la fatiga de materiales; ensortijados y podados céspedes de vello púbico; pieles voluntariamente tatuadas e impolutas de piercing alguno; todos, manifestándose púbica y públicamente contra la ley de gravedad newtoniana que persiste en anclarnos a nuestras huellas). Desnudos: tal es el traje del emperador y la auténtica bandera que nos uniforma, nos diversifica, nos place, complace, eterniza. Obras de arte bípedas. Edén expropiado por hombres y mujeres a las minúsculas deidades que se decían sus dueños. Paraíso in terra donde degustamos todos los frutos, sin prohibiciones ni dictámenes. Himno fisiológico que resuena entre paredes de museos y aposentos disímiles. Imanes unos de otros que somos para complementarnos y satisfacernos. Belleza impronunciable que deleita pupilas, neuronas, textos, lienzos. Irrenunciable identidad sin atavíos la de nuestros cuerpos.

martes, 8 de agosto de 2006

El traje nuevo del depredador

Es tal el desprecio de quienes se “pustulan”(sic) (postulan con pus supurante) para gobernar a “su pueblo” (denominación despectivamente demagógica y, no menos, demagógicamente despectiva), que la indumentaria que se exhibe en la foto resulta la más idónea para todo candidato, sin exclusión de usos y costumbres sexuales ni tamaño de la ambición. Los rollos de papel higiénico que coronan la testa permitirían “limpiar” de alguna forma la hemorragia discursiva, con la consecuente donación de heces vocales que insisten en prodigar los electorables a su masa amorfa de consumidores; o sea, votantes. (Para los comandos de campaña interesados: el vestuario corresponde al teatro de calle que el grupo ibérico Els Comediants protagoniza en las calles de Santander, dedicado a Mozart).

lunes, 7 de agosto de 2006

Se solicita Cicciolina creole

Esto es lo único que nos falta para las primarias. Tenemos el circo entero con una pléyade de payasos. Así que un drag queen nos vendría de perlas para alegrar las elecciones (o una porno star, lo que sea, cualquier madonna massmediática). Se aceptan candidatos insepultos (CAPs y Calderas matusalénicos, sin fecha de caducidad en el empaque). Total, hace años que los venezolanos vivimos atrapados en una emisión continua de “Radio Rochela”, pero en plan reality show del que no logramos desconectarnos. Y las sonrisas iniciales se han trastocado en muecas de asco. Nos han salido muelas en los oídos para atenuar el volumen y frecuencia de los discursos. Y mientras nos ponemos en fila para atragantarnos con nuestra ración asignada de bípedos coprófagos, por aquí todo el mundo se eterniza habla que te hablablablablablablablabla. Cierro este post con una cita de Camus, donde anticipaba nuestra sobredosis de realismo nauseabundo: “Resulta imperativo dedicarme a ahogar el grito”.

sábado, 5 de agosto de 2006

Mis hijas en el Louvre...no tiene precio

Parodiando la campaña publicitaria, para todo lo demás existe Mastercard. Kimberly concluye su postgrado parisino en biopolímeros y Lorena la visita. Los viajes tienen la particularidad de convertirse en un patrimonio tan íntimo que nadie es capaz de poder expropiártelos. Los paisajes, las millas aéreas, las obras de arte, las crepes, los matices del cielo se te interiorizan y habitan tus neuronas irreversiblemente. Por una vez, concuerdo con el bravuconazo de Hemingway: París es una fiesta. Donde mis hijas celebran. Y Edith et moi meme, instalados en Caracas, nos sumamos al brindis etéreo, vital y vitalista, previsiblemente paterno.

viernes, 4 de agosto de 2006

¿Cuál cultura? ¿Cultura dónde? ¿Cultura para qué?

Los medios tradicionales criollos (venezuelan creole mass media, ¿se escribirá así?) pichirrean cada vez más el espacio a cualquier información que parezca culturosa y, en su lugar, rellenan sus centimetrajes y ondas radioeléctricas de chismes nimios de una "fuente" donde cabe cualquier supuesto escándalo, denominada –nunca mejor dicho– espectá(culos). Gracias a la web, puedo encontrar reseñas de exposiciones de arte (es apenas un ejemplo), como la de la foto anexa (by David Gray, Agencia Reuters), dedicada a la artista australiana Nike Savvas, quien en su "Atomix" juega paleta cromática con 50 mil pelotas de polímeros, en la galería New South Wales, ubicada en Sydney, como quien dice al doblar la esquina en el siguiente hemisferio. ¿Reseñas literarias? ¡Pero si nadie lee! Resulta más instructivo idiotizarnos con las flatulencias ginecológicas de Paris Hilton o los lamentos quejumbrosos de Spielberg. ¡Bendita internet que me permite encontrar en la red y publicar en mi blog, al instante, lo que me da la gana! Ah, y se me antoja aclarar que contra los culos no tengo absolutamente ninguna aversión, sino expectación por los expectáculos (sic): nueva entrada de la DRAE que designa excepcionales glúteos que expectoran expectativas exorbitantes.

lunes, 31 de julio de 2006

Endanza: torre de babel coreográfica



Mi hija Lorena es, desde 2002, alumna fundadora de la Escuela Nacional de Danza. Del 4 al 8 de julio, ella y nueve de sus compañeras representaron a Venezuela en el Primer Festival Internacional de Academias de Danza, en República Dominicana. Allí, bailaron y vieron danzar a sus contemporáneos de Costa Rica, España y Estados Unidos, entre otros países invitados. Se entremezclaron en clases abiertas de distintos docentes y estilos, experimentando pasos, acentos y compañeros diversos. Esta es otra modalidad de erigir torres de babel coreográficas. Es vivenciar la simultaneidad de internet, pero en directo; chatear cara a cara con vecinos distantes que hoy danzan contigo, justo a tu lado, en clave cinética. Endanza protagonizó un Pizzicato orquestado por el viejo Strauss con coreografía de Ruta Butviliene y puesta en escena de Alexandra de León; un Seis Figureao regido por Alejandra Peña y el ejercicio telúrico "En la vía", concebido por Jacqueline Simmonds, que bien podría convertirse en la carta de presentación de estas adolescentes caraqueñas, dado el vigor y complicidad de una danza harto contemporánea que se vale de las sillas como elemento escenográfico que se adiciona a sus cuerpos. Ovación bidireccional que experimentaron, como público e intérpretes, Ramari, Seira, Lismary, Valentina, Bárbara, Mailú, Dayana, Francis, Katiuska y Lorena. Ya es hora, digo yo, de dejar de exportar misses y boxeadores. Aquí mismo hay un semillero de bailarinas, por lo pronto, en un territorio acariciado por sismos que nos zarandean desde las propias entrañas geológicas, intentando decirnos algo que traducen narradores y poetas.

viernes, 28 de julio de 2006

Testosterona culpable de la calvicie y la guerra

"La testosterona, cuando se utiliza a modo de sustancia dopante, está clasificada como un esteroide anabolizante androgénico. Esta molécula mejora el rendimiento al favorecer la síntesis de proteínas, que son los 'ladrillos' que construyen los músculos; aumenta la potencia al estimular la síntesis de glucógeno muscular; disminuye la fatiga y acelera la recuperación tras un gran esfuerzo.
Sus efectos adversos son fatales. El uso abusivo de testosterona produce problemas cardiacos y vasculares graves. En la historia del deporte hay multitud de ejemplos de muerte provocada por una parada cardiorrespiratoria súbita. También, como casi todas las sustancias dopantes, produce problemas hepáticos y la testosterona al ser una hormona, produce trastornos endocrinológicos variados". Extraido de www.elmundo.es
Al gringo Floyd Landis acaban de imputarle sobredosis de testosterona con la consecuente descalificación en el Tour de Francia. Personalmente, prefiero el dopaje textosterónico (sic) que apenas propugna el cansancio ocular y las sinapsis oníricas. En cualquier caso, la preciada molécula testicular debería restringirse al uso deportivo, sin importar las suspensiones de los atletas adictos a la gonatropina (con los respectivos desmadres en el complejo y delicado sistema de apuestas a nivel internacional). A quienes debería proscribírsele absolutamente es a los gobernantes de cualquier minúscula parcela del planeta, mediante exámenes rutinarios que comprueben sus niveles tolerables de este peligroso esteroide androgénico que incita la agresividad.
Es más, propongo que a todo servidor público electo mediante procesos de sufragio universal, directo y secreto se le aplique alguna sustancia inhibitoria de los efectos de la testosterona, disminuyendo así los riesgos de una gestión "a lo mero macho" que pretenda declarar la guerra a "los otros", lanzar misiles, sembrar minas antipersonales, bombardear territorios vecinos, franquiciar guantánamos, todas las anteriores, etcétera.
La testosterona de Eros es superior en placer y calidad de vida a la mala leche de Tanatos y sus legionarios fundamentalistas sin ningún fundamento. Ah, el señor calvo y obeso de la imagen es una escultura hiperealista del artista anglo Ron Mueck.

lunes, 24 de julio de 2006

24 de julio: fecha patria, jornada de babelnautas urbi et orbi

Feliz feriado bancario y nacional. Para superar el ratón dominical y abrevar la semana laboral. Que estamos en verano y no es para tanto (sobretodo quienes vivimos en este trópico absoluto y delirante). Millardos de nautas edificando nuestra propia torre de babel, computadora mediante. Así nos encontramos en el éter y nos saludamos fugaces burlando fronteras. Simultáneos, amorosos y altivos (Whitman dixit, pero traducido por León Felipe, jamás por Borges, viejito entrañable que no pudo entrarle a la eufonía del Song of myself con subtítulos in spanish). Canto a mí mismo, obsequio de Raquel aquella tarde en el Avila "y lo que yo diga ahora de mí lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes tú y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también". Recito de memoria estos versos jaculatorios que retumban en la red (¿me excusan el desvarío y prosigo?) "Apenas sabrás quien soy ni que significo, soy la salud de tu cuerpo y me filtro en tu sangre y la restauro; si no me encuentras enseguida, no te desanimes; si no estoy en este blog, búscame en otro. Te espero, en algún link estoy esperándote". Perdóname el parafraseo, Whitman, pero de habernos escrito hoy, apuesto que lo harías de esta forma. ¿No están de acuerdo conmigo en que la poesía es el género de la eterna adolescencia? Aquí tenemos a nuestro propio Whitman creole: "Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco; hoy no comercio con la muerte, de cada día soy de este mundo". Plegarias planetarias de celebración y vida. Deidades de verso potable: uno gringo, el otro gocho. Ambos constructores de su torre de babel respectiva. Cada 29 de septiembre, en mi extinto programa de radio, homenajeaba al chino Valera Mora, grafiteando sus poemas sobre las ondas hertzianas. Ya que la emisión era en vivo, en una pausa musical recibo una llamada telefónica escalofriante: la voz al otro lado de la línea se identificaba como "Victor Valera", pero no era una voz de ultratumba como me temí unos instantes, sino el hijo del poeta que me contactaba, emocionado, para agradecerme el recordatorio a su padre. Estoy seguro que tanto Whitman como el chino se nos suman, ahora mismo, en el ciberespacio.

domingo, 23 de julio de 2006

¿Recuerdan a Nina Hagen masturbándose con un crucifijo en el Teresa Carreño?

Pues ahora la cantante alemana se presenta en ún unico concierto en España, interpretando temas de jazz tradicional, orquestada por una big band de 13 músicos. Pronto prometo publicar un relato donde Nina, madre de Cosma Shiva Hagen (a quien dedica su canción homónima), me sirve de excusa temática para ficcionar a Caracas y a quienes transitamos este escenario avileño. Por lo pronto, esta foto reciente de la diva que escandalizó a la Venezuela pacata de los años ochenta, masturbándose con un crucifijo de franquicia vaticana en primerísimo primer plano del escenario del Teresa Carreño (sala Ríos Reyna, para más señas, y yo en el foso habilitado para la prensa culturosa de entonces). Reaparece la Hagen que destroza magnificando el tema "My way" que popularizó el gángster de Sinatra y se dispara la máquina de recuerdos.

lunes, 17 de julio de 2006

Estreno minarete con vista prodigiosa

Desde mi propia torre de libros, oteo mi ciudad y cualquier lugar que se me antoje. Total, internet borra fronteras e interactuamos en tiempo real. Qué importa donde escribas o leas. Los formatos son portátiles y nosotros también. Las bibliotecas plenan el ciberespacio y los estantes tangibles. Dualidad se llama el espíritu de nuestro tiempo, este milenio prodigioso y etéreo. ¿Exclusiones para qué? Sí, me decido a estrenar blog tras transitar otras bitácoras (que continuaré frecuentando, manifestándome o en silencio). Voyeurs somos y esto de asomarnos por los ojos de las cerraduras es una perversión exquisita que la telaraña nos brinda cual fruto bíblico. Si con estas trasgresiones nos ganamos nuestro jacuzzi de lava hirviente en el averno, pues que el divino Dante nos anfitrione con un trago de bienvenida (Chianti o Valpolicella rojo sangre). Propongo persistir en la edificación obstinada de torres de Babel que nos entrelacen y vinculen las miradas, mientras tanto, aquí en el éter. Bienvenidos a mi texto digital. Yo escribo en tus ojos.