
“A los soberbios, embóscalos, tírales por mampuesto. Si nada tienes, llénate de coraje y pelea hasta el final. Agarra a la amargura por los cuernos y rómpele la nuca. Y si la muerte te señala, sigue cantando y en el primer bar que encuentres pide un trago y bébete la mirada de la novia y bébete su risa. Bébete la vida. No hay que dejar que el camello de la tristeza pase por el ojo de nuestros corazones”.
Para mí, estos versos son una plegaria absoluta, plenipotenciaria y eterna:
“Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.” (Antología poética, Fundarte, 1989).
Prueben a recitarla ahora mismo, en voz alta, para que vean:
“Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.”
Coño, no estoy haciendo proselitismo, pero son palabras poderosas:
“Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.”
Perdónenme la exégesis, pero para mí Valera Mora no es el “Verlaine tropical” sino el Whitman de Caracas. ¡Hay poetas en la vida, que, ay, yo no sé! Como no conseguí ninguna imagen del “Chino”, publico una foto de Whitman, con su cara de viejo gato elegante y feliz que era. El retrato de Valera Mora se los debo, quizás, para su próximo cumpleversos.
2 comentarios:
Valera Mora no es el Whitman caribeño. Yo soy el Valera Mora gringo, a ver si nos entendemos, pues se llega a hablar y a publicar muchas imprecisiones de nosotros, los poetas muertos.
Por lo demás, "apenas sabrás quién soy ni que significo/ soy la salud de tu cuerpo y me filtro en tu sangre y la restauro/si no me encuentras enseguida no te desanimes/ si no estoy en aquel sitio, búscame en otro/ te espero (en la bajadita, en algún sitio estoy esperándote".
ESta es la traducción que verdaderamente me complace: la de León Felipe. Jamás la de Borges, quien se cabrea cada vez que se lo digo.
hermano en la palabra, parientes somos del chino pues decía que los poetas del pueblo además de que vivimos mil años y más, siempre al morir dejamos un hilito donde los poetas del futuro puedan ir halando halando hasta el mañana.
Hermano sois de la palabra y la retórica venezolana y torpe, hermosa y auténtica, abarazos desde Maracaibo y ojalá te complazca al querer visitarme
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