BLOG-TRAILER

viernes, 26 de febrero de 2010

MIAMI: texto narrativo

"Siento el imperativo
de vivir como un salvaje"
(Gustave Courbet)
El tipo tiene pánico a volar, pero su trabajo se lo exige. Así que se atiborra de whisky full hielo y un chorrito de soda en cada trago, a lo largo de las cuatro horas de viaje en la maltrecha aerolínea nacional que ahora cubre, a precio de promoción permanente, las rutas foráneas de mayor demanda. El maldito avión está tan desvencijado ya que hace, seis días a la semana, el trayecto de ida y vuelta dos veces por jornada, con tripulaciones que se rotan obstinadas de la rutina. Es el mismo infierno para todos, en versiones y tamaños diferentes, de acuerdo a la profesión, al karma o a cualquier vaina que uno haga para ganarse la vida.

Oscar vive anestesiado consuetudinariamente por dosis regulares de alcohol, ficciones cinematográficas y nicotina, para poder soportar los rigores de su tránsito existencial, como le dice Margot, una morenaza espectacular que acentúa con exceso de maquillaje sus rasgos de gitana ilegítima. Colorrítmica y rimbombante, Margot es el hábito más puntual y añejo de este "negociador" que intercambia con ella cheques casi siempre sin fondo y obsequios importados por lecturas del tarot y masajes relajantes que terminan inexorablemente en explosiones sexuales intercaladas por breves siestas y comilonas de paella o pizza repartida a domicilio.

Tras un par de divorcios y dos hijas que se llevan siete años entre sí, Oscar se impuso no volver a correr riesgos sentimentales ni caer en trampajaulas afectivas, a excepción de Margot y, a lo sumo, una media docena corta entre amigos y amigas. Este mínimo y disperso conglomerado irreconciliable y variopinto, además de sus majestades satánicas -alcohol, cine y cigarrillos- constituyen los asideros vitales de este borderline o outsider, para decirlo en el mismo lenguaje anglo-efectista que manejan sus críticos cinematográficos predilectos.

Cuarenta veces al año, martes, miércoles y jueves, Miami es siempre lo mismo. René, el sempiterno taxista cubano que vivió en la Caracas cuatricentenaria cuando aquel terremoto fortísimo puso a bailar a toda la ciudad, derrumbando a las construcciones más rígidas que se negaron a seguir su ritmo, recogió al día siguiente todos sus macundales y se regresó a la little Havana de sus tormentos para radicarse allí, más allá del nuevo milenio. Un ciclón es un ciclón y uno sabe cómo guarecerse, caballero, pero un terremoto, cosa más grande, eso sí que no tiene remedio, eso sí que no se aguanta, qué va. El taxista ahora nacionalizado mayamero gesticula, muy a su pesar, en la mejor tradición dialéctica de un Fidel Castro venido a menos, cualquiera que sea el tema de conversación, cada vez que transporta a Oscar en el reiterado periplo aeropuerto-hotel-factories-hotel-outlets-hotel-aeropuerto.

El hotel queda en pleno downtown, cual ventajoso epicentro del tour laboral de Oscar. Es un tres estrellas discreto y sin ambiciones donde puede refugiarse quienquiera que pague la tarifa estipulada por una habitación que responde estrictamente al concepto gringo de practicidad y confort: gruesa alfombra manchada, desteñida y mullida; potente y ruidoso aire acondicionado que sabotea casi cualquier sonido externo; luminoso y húmedo baño con ducha que gotea sin remedio, gracias a una portentosa fuerza de agua (su salto angel particular, le comenta orgulloso Oscar al taxista cubano) y un madre televisor con control remoto empotrado en la mesa de noche anexa al box spring king size, desbordante de múltiples secreciones genitales, que le sirve de soporte, asiento, mesa y, finalmente, cama.

El jefe de Oscar, un viejo ingeniero judío despreciado hasta por los suyos, detesta viajar y delega tal función en el más antiguo de sus empleados, aceptando a regañadientes el monto de los viáticos como un mal necesario que se aminora una vez que se conforma el saldo siempre favorable de las transacciones. Hábilmente, el viajante se las arregla para lucir moderado en sus estipendios, presentando una impecable relación de gastos, pormenorizada hasta extremos que rozan el vicio por la precisión y el detalle, desatando la más profunda envidia genética y el iracundo celo profesional de contadores, auditores y toda esa raza que no reza, pero cuenta.

"Negociator" al fin, Oscar se las ingenia para sacarle provecho a los viajes y carga, entonces, con todo tipo de mercancía que su amiga Estela revende a precios obscenos, en cómodas e implacablemente sucesivas cuotas quincenales, a sus compañeros de oficina. Pero es Caridad, la esposa de René, con su amplia y estruendosa carcajada de doscientas cincuenta y nueve libras en un metro cuarenta de estatura, quien le sirve de guía al marchante caraqueño en sus intensas expediciones a la caza de baratijas, gangas, rebajas, sales, descuentos, remates, liquidaciones, novelties y oh-fertas. El taxista cubano, otrora contador público egresado de la universidad de la-vana, mi sangre, tú sabes, con aquellas escalerotas, vaya, una metáfora de los peldaños académicos que conducen inexorablemente hacia el éxito en una travesía ascendente, ese mismo licenciado Fernández, pues, intenta insistentemente distraer al oscarcito de tamaños menesteres de rebusque y regateo para llevarlo a conocer el placer siempre renovado e indescriptible de un par de hermanitas jineteras sobrevivientes de Mariel, ex-bailarinas del Tropicana y hoy stripers, go-go-dancers de poca monta en un puticlub cualquiera, invitándolo -es un decir, el venezolano debe pagar por los (ta-barato-dame) dos- a revolcarse, sudar y ejercitarse en el más puro y enardecido idioma cubano. Su hipocondría, herencia de Howard Hughes, argumenta, le impide hacerlo. Pero qué clase de comemierda es éste, murmura entonces para sí el añejo habanero encabronado.

Su interés por el séptimo arte -obsesión que capitaliza la mayor parte de su entusiasmo, esfuerzo, tiempo y dinero- lo mantiene ocupado y a salvo del desasosiego. Oscar se jacta de una antología en video de 1296 películas donde destacan las diez que rescataría de la extinción nuclear; las clásicas; las bizarras; las irrepetibles; las inteligentes; las precursoras; las espectaculares; las tremendistas; las de autor y, así, un largo e iconoclasta etcétera, clasificadas en su computadora -con múltiples respaldos- por director; año de filmación y fecha de estreno; protagonistas; temática; referencias, influencias y valoración crítica, organizando frecuentemente mini-ciclos intensivos del nórdico Jan Kadar (A la deriva, 1974) o las distintas versiones de un mismo guión u obra literaria, en los que sus escasos invitados pagan el ticket de entrada con generosas raciones de bebidas, pasapalos y delicatesses. La espaciosa sala-comedor de Oscar, decorada con inmensos afiches fílmicos conmemorativos y paredes enteras forradas de estantes repletos de videograbadores de distintos formatos y marcas para hacer transferencias, cajas de cassettes y toda una biblio-hemeroteca especializada, con sus tres confortables sofás de tres puestos y su impresionante sistema home-theater con pantalla gigante y sonido cuadrafónico dolby, lo hacen placentero, posible y plausible.

Accidentalmente, tal y como ocurren estas cosas, el festival fílmico de Miami y Oscar coinciden en uno de sus viajes. Así, el cinéfilo criollo predestinado por su nombre de galardón celuloidense enloquece, abandonando sus responsabilidades habituales de compra/venta, para sumergirse tres veces al día en la cómoda y balsámica oscuridad propiciatoria de diversas salas contigüas. El concepto multiplex lo absorbe y encandila. Películas transculturales, hispanoparlantes, reflejos deslumbrantes de otras vidas. Operas primas, cine-foros, retrospectivas. Las endorfinas se disparan, sus ojos lagrimean, el placer se percibe como una satisfactoria y desconocida sensación de insensata felicidad permanente que agobia cuerpo y alma simultáneamente. Lo más parecido a un estado de gracia. Gracias, dios mío, ahora hasta parece que existes.

Superando su temor manifiesto a mezclar personalidades contrastantes, sus amigos, al fin, nos hemos conocido ante la falta sostenida, in crescendo, de noticias suyas. Hace ya tres meses de su última ida a Miami y aún no regresa. Oscar no da señales de ninguna clase. Missing, black out, corte violento. Su apartamento permanece impecablemente cerrado y su cine-museo-colección acumulando ausencia. Extrañamos sus llamadas telefónicas larguísimas, sus e-mails epilépticos, sus faxes inconclusos enviados en la madrugada. Su jefe mantiene una calma inquietante. Sus ex-esposas se agrian por la omisión de sus intermitentes depósitos bancarios. Sus hijas sorprenden con sus miradas serenas y respuestas ambiguas. Nosotros nos escrutamos esperanzados, sin atrevernos a mencionar el término complicidad filial que ilumina nuestras expectativas en torno al devenir oscariano que ametralla nuestra incertidumbre. En sucesivos encuentros que incrementan su frecuencia, Margot, Estela, Olga, Gerardo, Luis y yo escribimos, a doce manos, el guión virtual de una película fuera de foco donde Oscar gana el premio gordo del lotto florida y se hace cargo de varios millones de dólares, impuestos aparte. ¿Cuál de tus films favoritos estás protagonizando? Sobredosis de alcohol, nostalgia y nicotina ahogan nuestras tertulias -a tu salud, coño, amigo- mientras tanto.

jueves, 25 de febrero de 2010

Etimología apócrifa

El tan mentado vocablo "hijo de puta" proviene de la mitología griega, cuando Zeus anatemiza al filántropo Prometeo, llamándolo "hijo de Jápeto"; con el transcurrir del tiempo, aquello degeneró fonéticamente en "hijo de puta".
Lo auténticamente auspicioso de la mitología es que siempre podemos remitirnos a ella en busca de referencias, antecedentes, reminiscencias, invocaciones e inspiraciones variopintas. ¿No es acaso Pandora un antecedente preclaro que catapultó la ficción de Mary Shelley en Frankenstein? ¿No era acaso la mitología el google jurásico?

domingo, 7 de febrero de 2010

PRECIOUS: la ficción cual mecanismo de supervivencia

Al bueno de Carlitos Darwin se le olvidó agregar la ficción como mecanismo primigenio de supervivencia. Gracias a mi DVD-dealer acabo de ver el film en mi tele barrigona. La zoociología (sic) resulta igual de fascinante que perversa. Reitero la frase de Umberto Eco: "dios se divierte como un loco". Ah, men (sic).

viernes, 29 de enero de 2010

Ahora, tal vez, le responda a sus lectores

Todavía en julio de 1957, JoDé SALINGER se tomaba el trabajo de responder misivas como la que reproduzco aquí abajo, aunque sea para negarse a que versionaran cinematográficamente su CATCHER. A lo mejor la muerte le hace a "Sal" retomar sus añejos hábitos epistolares, así sea vía e-mails from heaven or from wherever.
Se reciben apuestas: ¿en qué año estrenarán alguna versión fílmica del CATCHER?

anti-necrológico: $ALINGER, home alone

Su estrategia mercadotécnica consistió, preci(o)samente, en evitar el famoseo y auto-recluirse en prisión domicilaria, nutriendo todo tipo de leyendas urbanas (que bebía sus propias micciones mientras engavetaba ficciones y tantos otros etcéteras). Aunque, pese a todo(s), $alinger seguía, sigue y seguirá vendiendo. ¿Su epitafio rezará: EL ESCRITOR QUE DETESTABA SU PROPIA ICONOGRAFÍA? Who hells knows. El masscult $alingeriano apenas ha comenzado. Ahora es cuando viene la espeleología de sus manuscritos y la hemorragia vampírica de best-sellers. ¡Puñetera necrología editorial y massmediática! Ni siquiera muerto te dejarán en paz, Jota-Dé. Se puede acceder AQUÍ a un post respectivo publicado en 2009.

domingo, 17 de enero de 2010

Padres e hijos

Sigo siendo, puñeteramente orgulloso, hijo de Julio y Lines, pero ahora soy tambien esposo de Edith y padre de Kim y Lorena y yerno de Juan Antonio y amigo de Martha, Omar, Tomás, Guido, Joseadán, Rolando y pongamos etcétera -"tacitando" (sic) a los facebook friends figurantes en el cotarro web a los que "cardo ni oruga cultivo, cultivo una rosa blanca" que "poesíaba" el vate Martí-.
Mira (anda) que la vida es una trama que pica y se extiende y se ramifica en internet y se enREDa virtualmente y vaya qué prodigio estos cibertoys que me exoneran del hastío, tío, y del insomnio y de la sobredosis de hiper-realidad y me excusan el pleonasmo.

martes, 5 de enero de 2010

Sandro y la cibernovela

CAPÍTULO 1
Henry, Rosa y todos los demás
-Henry dice: ¿Le haces honor a tu nombre?
-Rosa dice: Claro que sí, pero soy una flor más extraña y espinosa.
-Henry dice: ¿Extraña como?
-Rosa dice: No te alarmes, soy extraña por interesante.
-Henry dice: Ah, vale.
-Rosa dice: ¿Y tú?
-Henry dice: Yo también soy interesante.
-Rosa dice: No me esperaba menos, Enrique.
-Henry dice: Henry.
-Rosa dice: Con que anglófilo...
-Henry dice: Pues un poco, ¿acaso tú no, Rose?
-Rosa dice: Rose un coño, Rosa y a mucha honra. ¿Vale?
-Henry dice: ¿Malhumorada?
-Rosa dice: Tu madre!
-Henry dice: Mi mamá, bien gracias y la tuya?
-Rosa dice: Vale!
-Henry dice: Venga, va, tía, pa’ que veas que también manejo tu léxico, Rosa de Spain.
-Rosa dice: Hostia, tío, que esa Rosa me cae muy gorda.
-Henry dice: ¿Y esta otra, a ver? Ay, Rosa, rosa, tan maravillosa, como flor hermosa, como blanca diosa...
-Rosa dice: Jolines, pero si esa canción la cantaba mi madre, ¿eres un viejo?
-Henry dice: Rosita, soy un adúltero contemporáneo, como dicen en mi trabajo, pero de sabiduría milenaria. Y esa canción es de
Sandro, un mariconazo argentino que la popularizó por la década de los setenta.
-Rosa dice: Pues espero que seas un chaval, mira que webeando me he echado unos chascos que no te cuento.
-Henry dice: ¿Y quién no?
MALDITA WEB: CIBERNOVELA
(accede pulsando AQUÍ)

sábado, 12 de diciembre de 2009

Galardón literario para un caraqueño en Madrid

Aquí en Caracas andamos celebrando (yo con single malt y Edith con un vermú colorao) el galardón (que no "Gallardón", ¿eh?, quita-quita), que nuestro amigo Tomás Onaindia se ha ganado allá en Madrid. Aunque ello merezca un brindis en persona, tertulianos de CAÑAS Y TAPAS, por ejemplo. Los detalles del premio se pueden conocer AQUÍ, gracias a la generosidad de Analyss Marrero.

viernes, 27 de noviembre de 2009

AROUND: videodance

around from javiermirandaluque on Vimeo.

Cámara subjetiva en torno a la danza; alrededor. Offstage, backstage, prolegómenos. Epidanza cámara en mano. A su manera, el videomaker danza trazando su propia coreografía invisible, aunque ópticamente perceptible. Bendita intermediación digital.

sábado, 7 de noviembre de 2009

piaf dance

piaf dance from javiermirandaluque on Vimeo.

¿Cuántas bandas sonoras diversas soporta una misma coreografía? Este videodance ejemplifica una intervención dadá, merced a Edith Piaf. Al igual que ella, no nos arrepentimos de nada.

domingo, 1 de noviembre de 2009

facebook: literatura digital testimonial en tiempo real y con feedback

Disertaciones aparte (o sea, certamen de flatulencias teóricas aparte), facebook es, pésele a quien le pese, la plataforma o formato donde cada quien "gotea", en tiempo real, su propia micro-auto-biografía con el valor agregado de poder compartir links, videos y fotografías, además del feedback, la réplica interactiva. Y ello, más allá de purismos, ortodoxias y exquisiteces vanas, va "salpicando" (tipo Pollock) una suerte de feroz narrativa-web variopinta, inkless, fragmentaria, instintiva e instantánea, exenta de burocracias editoriales. Así, cada facebookeador (¿facebook-lector, facebook-reader, facebook-autor, facebook-emisor, facebook-receptor, facebook-usuario, facebook-consumidor?) decidirá qué ¿ver, encarar, "to face"? y qué emitir u omitir.

Si son emisiones, micciones o ficciones, pues ya es un asunto aparte que aquellos exégetas con vocación por el bioanálisis procurarán vislumbrar.

martes, 20 de octubre de 2009

Y BEBIERON FELICES PARA SIEMPRE

http://ybebieronfelicesparasiempre.blogspot.com/

Al igual que los perros, he agarrado la costumbre de orinar las paredes de los apartamentos donde vivo (“cardo ni oruga cultivo”, rimaba el vate Martí), marcando mi territorio con ese hedor amarillento que varía en concordancia con los líquidos que he ingerido: la cerveza negra tiñe las canas de mis micciones y produce una espuma densa en sus meandros; el whisky escocés 12 años desencadena en mi organismo una catarsis diurética con tonos bastante neutros; el ron edulcora mi orina con un bouquet dulzón que empalaga hasta los pigmentos de las paredes y/o el pegamento del papel tapiz; la ginebra londinense es la única bebida que no llego a orinar, sino que la sudo, dada la metabolización tan rápida que de ella hace mi cuerpo.


(CAPÍTULO 1)

lunes, 19 de octubre de 2009

Google, Nina Hagen y la máquina del tiempo

Curioseando en el extreme tracking que tengo habilitado en este blog, pues habitualmente encuentro visitas que me llegan buscando en Google a "Nina Hagen en Venezuela". Tales "searchs" los catapultan a uno de mis primeros posts al que se puede acceder AQUÍ y a este otro más reciente que nos "masscult-uteriza" con la otra cara de la moneda de la Hagen, justo ALLÁ. En todo caso, en una y otra NINA, pues sigue prevaleciendo la contundencia de su voz irrevocable.

martes, 29 de septiembre de 2009

Mi Matisse predilecto

Mi Matisse predilecto es éste de 1935, EL REFLEJO, por su serena belleza que nos seduce desde lejos imantando nuestra mirada. Como casi todo lo trascendente, lo descubro gracias a la lúcida gentileza de un amigo, Tomás Onaindia, en compañía de Edith.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

5000 lectores webever

Maldita web: cibernovela from javiermirandaluque on Vimeo.

Internet se ha convertido en la vanguardia más salvaje de interacción humana. Y es que el ciberespacio genera una nueva forma de estar juntos, burlando todas las fronteras de sexo, edad, profesión y ubicación geográfica. ¿Ficción, autoengaño, juego de roles, suplantación de personalidad? En su propia modalidad, la red entreteje su maraña en torno a la soledad y pasiones del individuo seducido por una tecnología que se instaló entre nosotros para quedarse. Con su cuerpo de múltiples opciones, personalizadas según las preferencias de cada usuario, ©MALDITA WEB, escrita por Javier Miranda-Luque, prodiga placer digital, orgiástico, anónimo e instantáneo. “¿Dios existe en red?”, se pregunta uno de los personajes de esta cibernovela que se asoma con impudicia a los e-mails y salones de chateo, desnudando a los internautas. No en vano, la web es el escenario donde se viene escribiendo este jardín de las delicias obscenamente contemporáneo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Post 240: Salinger es la Greta sin Garbo de la narrativa norteamericana

$alinger es la Greta sin Garbo de la narrativa. La gran pregunta (corrosiva, sí, incisiva, sí, maledicente) es si, efectivamente, ha seguido escribiendo. ¿Escribir para no publicar, así, con tamaña displicencia? Yo no me lo creo. Me suena a tremendismo, a bluf.En fin, que ya nos enteraremos cuando el old Salinger (añejado cual whisky centenario) fallezca y comiencen a aparecer –con virulencia web– montones de manuscritos groseramente inéditos. Los mejores serán aquellos apócrifos, tiernamente manufacturados por legiones de "escritores negros" (ghost writers in deep). Su leyenda negra susurra que $alinger desayuna sus propias micciones (urgentes ficciones incontinentes, my own private DRAE dixit) y de allí surge su puñetera longevidad recalcitrante.
Vaya, que lo sabroso está por venir. Se aceptan apuestas: ¿quién morirá primero: Castro, Caldera o $alinger?
$alinger: anunciamos tu muerte, esperamos tu re$urrección...
Ah, men.

viernes, 28 de agosto de 2009

El ascensor como escenario teatral: CAPACIDAD MAXIMA

Ya van 3 años desde la publicación de mi breve comedia teatral CAPACIDAD MÁXIMA. En enero 2007 abrí un blog con el propósito de iniciar una cibercampaña de mercadeo viral que en la actualidad supera las cinco mil visitas. Desde entonces, el libro está disponible en las LIBRERÍAS DEL SUR, aunque ignoro absolutamente las cifras de venta. Por lo que a mí respecta, Ernesto y Pacífica siguen atrapados en el ascensor relatándose la vida y milagros de variopintos personajes referenciales. ¿Cuándo se concretará la versión en cortometraje?

miércoles, 26 de agosto de 2009

E-mail a Frida Kahlo: monopolios, disputas, patrimonios, herederos intelectuales, expertos autoproclamados y demás exégetas recalcitrantes

Frida: ya escucho tu carcajada ante tanto masscult post ultratumba. Que si este auto-retrato es obra tuya, que si no lo es, que si es copia, clon, remedo, homenaje, tributo, recreación, estafa apócrifa e inédita. Que se joda toda esa tribu que sobrevive a tu costa, a expensas de tu memoria. Esos malditos exégetas de jetas babeantes, dizque "expertos en frida kahlo", que se mueren en vida por cifrar tu obra, catalogarla, codificarla, decodificarla, banalizarla, saquearla, subastarla y diseccionarla. Solamente por incordiar a tanto maleante de arte, pues yo deseo que jamás se llegue a conocer la mera verdad del asunto, en aras de que se debata eternamente la jauría mercadotécnica entre sucesivas montañas de incertidumbre y charlatanería vociferante.
Abrazo interdimensional,
Javier

domingo, 23 de agosto de 2009

3 WOMEN by Robert Altman



Esta película es una auténtica gozada que me apetece compartir aquí (al menos, sus nueve minutos iniciales que se regodean en el "american nightmare" que adoraba aquel narrador icónico espléndido que fue Robert Altman).Posteriormente a este tremendo film, tanto a Shelley Duvall como a Sissy Spacek las anatemizaron con personajillos tales como la novia de Popeye y Carrie, respectivamente.

jueves, 20 de agosto de 2009

Woofer: macroblogging versus twitter

Apuesto yo que, de aquí, pues puede salir un interesante experimento ciberliterario. A pesar, incluso, de todos los apocalípticos con hemorragia de tinta y de los displicentes cibersaurios. Se trata de WOOFER, que acepta un mínimo de 1400 caracteres. Pulsen en el perro (yes, can, we can) e irán.

BIBLIOCRACIA

domingo, 16 de agosto de 2009

Apología del cambio

El periodista español Enrique Meneses apologiza los cambios que ha supuesto pasar del facsímil a la imprenta y, ahora (este espléndido tiempo en presente continuo), al e-book y la literatura web. A quien le interese, pues puede acceder al breve texto completo AQUÍ. ¡Malditos cibersaurios que lo talan todo!

martes, 4 de agosto de 2009

Despertó el dinosaurio y Monterroso seguía allí y Spielberg seguía allí y la twitteratura seguía allí, pero ¿el lector sigue allí?

Nuestra literatura padece de "logorrea", esa profusión compulsiva a adosar palabras parasitarias: garrapatas verbales entregadas al vicio del circunloquio gratuito, la frase ampulosa, el gesto prescindible, la reiteración tipográfica que tala selvas y derrocha hasta la tinta del calamar ajeno a tales menesteres, amén de la hemorragia cibernética.

Así que resulta poco menos que encomiable la iniciativa de hecTórres y sus socios twitteros para narrar en ciento y poco más de caracteres con espacios. Yo me sumo y asumo el reto. Hasta el 15 de septiembre hay plazo y sin desiertos. Propongo antología de twittrelatos en formatos web y libro gutenbergiano. Interesados pulsar AQUÍ.

jueves, 30 de julio de 2009

CARAQUEÑESIS: texto narrativo completo

“Animales con el mismo derecho al paisaje”.
(Sergio Pitol)

Apuesto a que esta es la única ciudad donde nadie camina trazando una línea recta, siguiendo el curso de una trayectoria determinada para desplazarse del punto A al B. Aquí se avanza en zig-zags dubitativos, incorporándose al flujo peatonal de manera errática. Y sin embargo los caminantes evitan las caídas y tropezones, sorteándose unos a otros en la circulación. Cuerpos multiformes que se abren paso en la procesión que se extrema al alcanzar la diagonalidad de una escalera mecánica o la verticalidad radical del ascensor. Suben, bajan, se compactan. Salen y entran de los vagones repletos del Metro, ocupando, cada uno, su lugar en el espacio. Prodigiosamente, nadie obstruye, apenas demora, el transitar de su contraparte, obviando su condición de automovilista, buhonero, ciclista, transeúnte. Otra singularidad que me sorprende es el hábito reporteril de enfatizar las preposiciones en sus perifoneos mediáticos: “estamos connnnnnn el vocero autorizado déeeeeee Fetracontrasinsobretras páaaaaaaara queeeeeee nos comente sóoooooobre la situación queeeeeee involucra áaaaaaa todos sus afiliados”.

Piso Caracas y se me agolpan alrededor todos los sonidos, todos los sabores, todas las imágenes, saturándome. Poliedro; teleférico; Montalbán; los tacos de pollo, queso y guacamoles del taquero de Santa Paula a quien perseguimos por la zona industrial de Los Ruices hasta que compró su local en el centro comercial Santa Sofía; autocines del Cafetal; la vuelta en redondo a Caracas por la Cota Mil, la autopista del este, avenida Bolívar, la Crema Paraíso de San Bernardino y de nuevo la Cota; con la banda sonora permanente de The Jade Warrior (el guerrero que jode, como le decíamos); Jethro Tull y sus songs from the wood; Ten Years After; Peter Frampton; Yes; el Génesis de Peter Gabriel; Camel. Arturo Camero sonaba tema tras tema de Tangerine Dreams en su música sin parámetros por Radiodifusora Venezuela, YVKC, a-eme siete noventa, la alternativa. También nos vacilábamos, en esta misma amplitud modulada, la nota erotizante de Marisela Bonilla, una de las pocas y auténticas discjocketas o la tan apropiada voz nasal de Gian Visconti anunciando a la banda nacional de la misma gente con su arrechera y su lluvia.

Pero debo ordenar el tropel de recuerdos que me asaltan.

Descarto mi infancia por lejana y desteñida. Me expulsan del colegio San Ignacio por reprobar matemáticas de cuarto año (la excusa académica) y mofarme de la iconografía fetichista-religiosa del beato Escrivá de Balaguer, en compañía de uno de los herederos del entonces boyante y hoy arruinado emporio industrial de los Mendoza. A mi compañero de clases no lo expulsan, sólo lo suspenden durante una semana y lo amonestan. Faltaría más importunar a la tercera generación familiar que estudia con los adláteres locales del santo vasco.

A pesar de mis “antecedentes” me aceptan en el antiguo hipódromo de El Paraíso, devenido en el liceo De Aplicación (donde hacen sus pasantías los futuros egresados del instituto Pedagógico). Allí asumo mis aires de semental atraído por ciertas yegüitas predispuestas al coito apresurado en los baños, bajo las gradas deportivas, al calor mohoso de la biblioteca.

Los fines de semana recorremos la cota mil consumiendo marihuana, con los vidrios abajo del viejo Valiant del papá de Ducho y varios inciensos prendidos para sabotear el bouquet característico que desprende el cannabis sativa. Escuchamos a Camero, alternándolo con el roído cassette TDK de 90 minutos que reproduce el concierto de Ten Years After.

Mientras la mayoría gregaria, bulliciosa y playera fuma Belmont extra suave, qué suave es, qué suave es, yo opto por Viceroy, clase aparte, anunciado por el telecandidatoclown Ottolina. Cuando mis compatriotas van a vivir un sabrosísimo día Pepsi, yo prefiero la cristalina Seven Up que me gusta y me cae bien.

Perdónenme el flash back, pero me siento obligado a acotar que los precursores de Difusora fueron radio Aeropuerto, donde están sucediendo las cosas, con su Kung fu de noticias en el que Pedro León Zapata dibujaba sus caricaturas sobre las ondas hertzianas, en adición a canciones decentes porque, en radio, la música marca el estilo. Radio Caracas tenía el blues trasnochado de Rogelio Lezama con su estertor de camionero. También sintonizábamos radio Trece, el sitio seguro, con Iván Loscher y Corina Castro, a dúo, desayunando su café con letras o a Corina, íntima, en su nocturno oasis metropolitano. No menos, al loco de Don Casale pegando gritos en las tardes. Era la época resplandeciente de Quincy Jones (antes de venderse y casarse con Natasha Kinski), Noel Pointer y Jean Luc Ponty. Música de sonoridades complejas y ambiciosísimas. En secreto, a través de radio Nacional, me dejaba acariciar el oído por la voz melodiosa y dicción impecable de Agustina Martín.

Los miembros de la caterva de amigos fundamos un movimiento poético mentado “Con el pie en la licuadora”, que produjo bizarras películas en super-8 y una gozadera cogeculística divina. Doris me prodiga sesiones de sexo oral que nadie ha logrado igualar. Rita me obsequia su virginidad y el Triglok, un novedoso juego de estrategia que pretende suplantar al ajedrez.

Una noche se nos metió en la cabeza la idea de asaltar la estación de gasolina de Chuao, que se la pasaba abierta de madrugada, con un solo bombero de guardia. La hazaña se redujo a irnos sin pagar el tanque full de 95 octanos. La utopía del viaje en conjunto a Europa seguiría rondándonos, sin concretarse.

No salgo en la UCV ni en la UCAB. No obtengo la Gran Mariscal. Egreso años después del instituto técnico superior universitario de seguros, con mi título en Ciencias Actuariales.

Jamás he ejercido. Sin saberlo, Rita, con su obsequio, predestinó mi vida. Y no me refiero a su terco himen. Burla, burlando, me volví un experto en el juego de Triglok. Campeón invicto estudiantil, municipal, estadal, nacional, suramericano, continental y hemisférico, título que aún ostento y del que claramente vivo.

Mi hobby es la radio. En una pequeña FM del país donde resido. Al contrario de los locutores de mi adolescencia, perifoneo en seco, sin música de fondo ni temor al silencio o a las pausas (a las que considero valores hertzianos). Acuño neologismos y uso onomatopeyas. Repito varias veces la misma canción y leo libros enteros, al aire, intercalando songs que no anuncio. A veces, simplemente mantengo una conversación ininterrumpida con algún invitado en persona o interlocutor telefónico. Lo que no cambia es la música: The Jade Warrior; Jethro Tull; Joe Cocker, Ten Years After; Peter Frampton; Yes; el Génesis de Peter Gabriel; Camel; Tangerine Dreams; Lou Reed y su Velvet Underground; Jim Morrison; Eumir Deodato; John Lord y la Sinfónica de Londres; Emerson, Lake & Palmer; Raví Shankar, John McLaughlin y la Mahavishnu Orchestra, Supertramp; Led Zeppelín; The Who; Weather Report; Groover Washington Junior. Annie Lennox (exTourists y exEurythmics) expulsando de su angosto cuerpo rubio esa portentosa voz de negra. Además del dúo nórdico Yello o la agrupación venezolana Sietecueros, ahora en remix digital, que reúne en un mismo track a Alberto Schlesinger, Yordano y Evio Di Marzo. Acompañado por los punteos de Clapton (“Same old blues”), leo un texto de Sam Shepard (no el basquetbolista, sino el esposo de Jessica Lange, guionista de los films de Wenders, actor, escritor y dramaturgo): “Conocí a un guitarrista que decía que la radio era su amiga. Se sentía emparentado no tanto con la música como con la voz de la radio. Su carácter sintético. Su voz, que no había que confundir con las voces que salían de ella. Su voz, la voz, voz de radio. Su capacidad para transmitir la ilusión de personas a grandes distancias. Nuestro guitarrista dormía con la radio. Soñaba con un etéreo país de la radio. Creía que jamás encontraría ese país, de modo que se contentaba con limitarse a escucharlo. Creía... que había sido expulsado del país de la radio y estaba condenado a vagar eternamente por las ondas, buscando una emisora mágica que le devolvería la herencia perdida” (Crónicas de motel, Editorial Anagrama, 1979). Todos los 29 de septiembre, día de su cumpleaños, repito mi homenaje a Víctor Valera Mora. Abro con su lapidario “no tengo acceso a la alegría” y de ahí me arranco a recitar “A los soberbios, embóscalos, tírales por mampuesto. Si nada tienes, llénate de coraje y pelea hasta el final. Agarra a la amargura por los cuernos y rómpele la nuca. Y si la muerte te señala, sigue cantando y en el primer bar que encuentres pide un trago y bébete la mirada de la novia y bébete su risa. Bébete la vida. No hay que dejar que el camello de la tristeza pase por el ojo de nuestros corazones”. Concluyo arriba, en el techo de la intensidad, así: “Amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco (...) hermoso día, me enalteces, desenfrenada alegría, no tengo comercio con la muerte, no le temo, llevo en la sangre la vida, de cada día soy de este mundo.” (Antología poética, Fundarte, 1989)

El Avila es el mayor impacto visual que afronto. La recorro con la mirada desde lejos y me aproximo, con lujuria, para alcanzar su cima. En teleférico. Desde el carrito la ciudad se empequeñece, horizontalizándose de este a oeste, mientras que otras sinuosidades montañosas de menor cuantía la limitan al sur, conteniendo su voracidad urbana, su natural ímpetu.

Caracas es una mujer que me desa(r)ma. Vuelvo al museo de arte contemporáneo donde le corté un pedazo del brassiere a Charlote Moorman cuando interpretaba su violectra durante un concurrido happening de videoarte (recuerdo la cara alarmada de Carlos Rangel ante el trozo exagerado de la prenda íntima que escindí dejando un pezón descubierto de la artista anglo). Recorro las sedes adjuntas de la galería de arte nacional / museo de bellas artes, reposando en el jardín de las esculturas y asomándome, más tarde, a la terraza del último piso desde donde diviso el minarete de la mezquita vecina recortada contra ese Alá mineral y vegetal: la omnipresencia telúrica de la montaña.

Mi ciudad ahora es un disfrute sereno, voyeurístico, del examante que espía de soslayo a su examada, añorándola con extrañamiento, contemplación a destiempo que se compensa con la exaltación de la memoria, paladeando añejos placeres que se intensifican con la presencia ¿Cómo se llamaba y dónde se encuentra exactamente aquella placita, parque o área verde que, con su breve caída de agua, apagaba el tumulto de la avenida Urdaneta, haciéndola un apacible punto de encuentro?

Duele comprobar el deterioro de esta dama madura a quien la decadencia devenida en vulgar celulitis no le sienta. Porque no son las marcas señoriales del cuero curtido ni las líneas de expresión propias del rostro enriquecido por la experiencia. Son arrugas y ojeras. Es dejadez, indiferencia, amargura y desencanto.

Caracas tiró la toalla ante un urbanismo inconsciente, caótico y desmemoriado. Persisten, eso sí, pequeños prodigios que se extravían, escondiéndose, creo, de los depredadores habituales y de otros nuevos que surgen por (de)generación espontánea. Preservados en la caja fuerte de mi recuerdo, para que no me los expropien, ni siquiera me atrevo a nombrarlos.

¿Sobrevivirá aquel exquisito restaurant familiar donde consideraban el café una gentileza que jamás debe cobrarse? ¿O ese motelito discreto y confortable en el que nadie osaba apresurar a las parejas que ejercían explícitamente las artes amatorias a cabalidad y buen resguardo? ¿Acaso se desvanecieron las salas cinematográficas de arte y ensayo donde Fassbinder, Fellini, Saura, Truffaut, Buñuel, Antonioni, Pasolini, Bertolucci, Lelouch, Scola, la Wertmüller, los hermanos Taviani, Kadar, Russell, Altman, Bergman, Kurosawa y tantos otros nos asombraban con la inteligencia luminosa del celuloide que sintetizaba y celebraba a las seis restantes artes? ¿Y los festivales internacionales de teatro que acercaban a los espectadores caraqueños a lo más intenso de la vanguardia escénica italiana, francesa, londinense, alemana? ¿Con nuestra innegable naturaleza sísmica, ¿qué estrenarán los novísimos coreógrafos urbanos?

¿Cuándo fue que el mayor consumo per cápita de escocés en el mundo nos intoxicó provocándonos tal letargo?

Ansío reencontrarme con toda esa caraquéñesis de vitalidad desbordante y lo único que me salpica es la podredumbre nauseabunda del Guaire. “Somos peces del Guaire, somos peces del Guaire”, se burlan los skantantes de Desorden Público, mientras un taxi patas blancas sin aire acondicionado ni placas me acerca a mi refugio del hotel Tamanaco, suite senior 1602, con vista a la piscina, al moribundo paseo las mercedes, a la autopista eternamente embotellada, al Avila indomable que satiriza con desprecio a la espectral Caracas.

Ni siquiera intentaré contactar a mis amigos. Son espejos en los que no me atrevo a verme reflejado. Gordos, calvos, fatigados. Como la ciudad donde pastan, han tirado la toalla. Derrotados por el peso de sus propios sueños adormilados. Evasiones oníricas que ya no remiten al dulzor de la mandarina y la miel, en un balance evanescente, sino al after taste amargo del sucedáneo adulterado. Amistades que sobreviven a punta de alcohol y cafeína, nicotina y analgésicos, urgencia de eyaculación y viagra, prozac, antihistamínicos, relajantes musculares, ansiolíticos. Extremaunción cotidiana aliviada por el escándalo de los niños o los ladridos de bienvenida del perro que se siente olvidado.

Decido irme. Caracas es un recuerdo que no me dejo arrebatar. Sabores, sonidos, imágenes que se agolpan alrededor, saturándome. Deseo feroz. Leona fugaz. Aún te pertenezco. Yo, estatua de sal, me alejo sin mirar atrás.

miércoles, 29 de julio de 2009

Fragmento 4 de CARAQUEÑESIS

Los miembros de la caterva de amigos fundamos un movimiento poético mentado “Con el pie en la licuadora”, que produjo bizarras películas en super-8 y una gozadera cogeculística divina. Una noche se nos metió en la cabeza la idea de asaltar la estación de gasolina de Chuao, que se la pasaba abierta de madrugada, con un solo bombero de guardia. La hazaña se redujo a irnos sin pagar el tanque full de 95 octanos. La utopía del viaje en conjunto a Europa seguiría rondándonos, sin concretarse. No salgo en la UCV ni en la UCAB. No obtengo la Gran Mariscal. Egreso años después del instituto técnico superior universitario de seguros, con mi título en Ciencias Actuariales. Jamás he ejercido.

martes, 28 de julio de 2009

Fragmento 3 de CARAQUEÑESIS

Perdónenme el flash back, pero me siento obligado a acotar que los precursores de Difusora fueron radio Aeropuerto, donde están sucediendo las cosas, con su Kung fu de noticias en el que Pedro León Zapata dibujaba sus caricaturas sobre las ondas hertzianas, en adición a canciones decentes porque, en radio, la música marca el estilo. Radio Caracas tenía el blues trasnochado de Rogelio Lezama con su estertor de camionero. También sintonizábamos radio Trece, el sitio seguro, con Iván Loscher y Corina Castro, a dúo, desayunando su café con letras o a Corina, íntima, en su nocturno oasis metropolitano. No menos, al loco de Don Casale pegando gritos en las tardes. Era la época resplandeciente de Quincy Jones (antes de venderse y casarse con Natasha Kinski), Noel Pointer y Jean Luc Ponty. Música de sonoridades complejas y ambiciosísimas.

lunes, 27 de julio de 2009

Fragmento 2 de CARAQUEÑESIS

Pero debo ordenar el tropel de recuerdos que me asaltan.

Descarto mi infancia por lejana y desteñida. Me expulsan del colegio San Ignacio por reprobar matemáticas de cuarto año (la excusa académica) y mofarme de la iconografía fetichista-religiosa del beato Escrivá de Balaguer, en compañía de uno de los herederos del entonces boyante y hoy arruinado emporio industrial de los Mendoza. A mi compañero de clases no lo expulsan, sólo lo suspenden durante una semana y lo amonestan. Faltaría más importunar a la tercera generación familiar que estudia con los adláteres locales del santo vasco.

A pesar de mis “antecedentes” me aceptan en el antiguo hipódromo de El Paraíso, devenido en el liceo De Aplicación (donde hacen sus pasantías los futuros egresados del instituto Pedagógico). Allí asumo mis aires de semental atraído por ciertas yegüitas predispuestas al coito apresurado en los baños, bajo las gradas deportivas, al calor mohoso de la biblioteca.

sábado, 25 de julio de 2009

Fragmento 1 de CARAQUEÑESIS

Piso Caracas y se me agolpan alrededor todos los sonidos, todos los sabores, todas las imágenes, saturándome. Poliedro; teleférico; Montalbán; los tacos de pollo, queso y guacamoles del taquero de Santa Paula a quien perseguimos por la zona industrial de Los Ruices hasta que compró su local en el centro comercial Santa Sofía; autocines del Cafetal; la vuelta en redondo a Caracas por la Cota Mil, la autopista del este, avenida Bolívar, la Crema Paraíso de San Bernardino y de nuevo la Cota; con la banda sonora permanente de The Jade Warrior (el guerrero que jode, como le decíamos); Jethro Tull y sus songs from the wood; Ten Years After; Peter Frampton; Yes; el Génesis de Peter Gabriel; Camel. Arturo Camero sonaba tema tras tema de Tangerine Dreams en su música sin parámetros por Radiodifusora Venezuela, YVKC, a-eme siete noventa, la alternativa. También nos vacilábamos, en esta misma amplitud modulada, la nota erotizante de Marisela Bonilla, una de las pocas y auténticas discjocketas o la tan apropiada voz nasal de Gian Visconti anunciando a la banda nacional de la misma gente con su arrechera y su lluvia.

Pero debo ordenar el tropel de recuerdos que me asaltan
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martes, 30 de junio de 2009

Post 222: ¿cuál cobertura mediática se le dará al fallecimiento de la coreógrafa alemana Pina Bausch: el 1% de la muerte de Michael Jackson?

¿Cuál cobertura mediática se le dará al fallecimiento de la coreógrafa alemana Pina Bausch: el 1% de la muerte de Michael Jackson o ni siquiera eso; sintomático, no? ¿escatología funeraria? ¿tanatofilia masscult y carroñera o cutrez marujera pura y dura? ¿coprofagia lacrimógena? Cada quien con sus deudos, pues. Ah, men.

sábado, 20 de junio de 2009

Espanglish castizo: my own private DRAE

Coincidiendo con el día del espaÑol –pleno de eñes, jotas y zetas– he aquí un recordatorio de mi portal donde he colgado, tiempo ha, mi propia versión del DRAE, incorporando neologismos que van y vienen: es el Diccionario Realmente Apócrifo Español al que se puede acceder pulsando AQUÍ.

martes, 9 de junio de 2009

Miranda, mirándonos

Miranda, mirándonos from javiermirandaluque on Vimeo.

¿Quiénes observan a quiénes: nosotros a las obras de arte o ellas a nosotros? ¿Existe una mirada dual, bidireccional, que resulta recíproca? Este fotovideo recoge una visita familiar a la nueva sede de la Galería de Arte Nacional en Caracas. Full subjetividad, of course.

domingo, 31 de mayo de 2009

Walt Whitman: videosong of himself

Walt Whitman: videosong of himself from javiermirandaluque on Vimeo.

Celebramos el cumpleaños 190 de Walt Whitman, poeta citado y recitado cientos de millones de veces a nivel planetario. He aquí un "Canto a sí mismo", un videosong of himself: "soy la salud de tu cuerpo y me filtro en tu sangre y la restauro" (traducción de León Felipe, que no de Borges).

domingo, 17 de mayo de 2009

sinopsis –sinapsis– de bailarinas caraqueñas

Yo deliro en el caracazo cuando –a pesar del malnacido de Murphy, a pesar de todo(s)– las vainas funcionan. Y docena y media de chamas coprotagon(izan) una coreografía de Ana Brito. Y lo hacen con una ternura apasionantemente demoledora durante el pomposamente denominado "mes internacional de la danza". Y adicionan ovaciones y entusiamos y la emoción desbordantemente secreta de sus familiares. Y uno se siente del carajo (coño, excúsenme la escatología). Y uno se dice bajito "esa es mi hija". Y a esas otras chamitas yo las he visto esforzarse y crecer durante todos estos años, de lunes a viernes, y los fines de semana cuando hay funciones, y cuidadito con los carbohidratos que son plomo para tus alas (o zapatillas de punta) de bailarina. Y mira qué bien suena el musiú ese de 'cháicousky'. Y bien vale el sudor y las ampollas y las docenas de cajas de curitas para los pies y el cojonal de tiempo invertido (¡sopotocientos millones de nanosegundos, Einstein!). Y el Newton aquel, grandísimo hijo de la Gran Bretaña, indigestándose de manzanas, con su aplique de la ley de la gravedad que nos imanta y nos encementa al mismísimo núcleo de la tierra. Y yo que no bailo, porque ostento par de pies zurdos, pero mi hija lo hace por mí. Y yo disparando millardos de shots digitales con mi cibercámara que sobrecargan mi disco duro, haciéndome sentir arrechísimo y orgullosísimo y "amanecí de bala, amanecí bien, magníficamente bien, todo arisco, hoy no comercio con la muerte, de cada día soy de este mundo" y recito a Valera Mora y a Whitman y a Stirner, en una coreografía existencial que comparto con Edith y con Kim y con Lorena y "que me quiten lo bailao (sic)". No joda, pues la belleza triunfa sobre toda estrategia, mira que Caracas ENDANZA y en tanto sismo me entusiasmo. Se puede apreciar un brevísimo video AQUÍ. También AQUÍ.