
Venga, explíquele usted a los cientos de portadores de cámaras digitales en la Sala Ríos Reyna del Teresa Carreño (y a sus acompañantes) que:
1- el Teresa Carreño no es el circo ni el Poliedro; o sea, que allí no se come maní ni papitas fritas.
2- "El lago de los cisnes" es ballet y no una pachanga; o sea, que se aplaude al final y no se lleva el ritmo con las palmas.
3- se trata de un espacio cultural y no la pasarela Cibeles y ni siquiera un bonche en Festejos Mar; o sea, que sobran pelucas, abrigos imitación de visón que se pudren en el trópico y lentejuelas.
4- los celulares, allí adentro, se apagan; o sea, que hundan el botoncito que dice "off", que si no son parteras o neurocirujanos, nadie los necesita ubicar durante una función de ballet.
5- hasta las más peorras camaritas digitales tienen, en el menú, una función para desactivar el flash y que, a más de tres metros de distancia, el flash es un inutilidad escandalosa; o sea, léanse el manual de instrucciones para que optimicen su inversión tecnológica.
Por lo demás, sí, se agradece el entusiasmo de este público inédito que aplaude las piruetas más que algún rasgo de virtuosismo interpretativo.
Hay, sí, alguna buena intención de "exponerse a la cultura". Lástima que esta misma cultura (como experiencia vital y cotidiana) les resulte tan ajena.
Si el criterio se vendiera, seguramente ellos correrían a comprarlo:
—Dame la versión premium, la que venga con todo, para estrenarla antes que mis vecinos. Tú sabes, mijo, yo siempre tengo lo más nuevo, lo último, aunque no sepa con qué se come esa verga. Oye, una cosita, divídeme el monto entre estas tres tarjetas de crédito, no vaya a ser que alguna me rebote.
1 comentario:
Hay ocasiones, en las que lamentablemente generalizo, y para resumir una lista de observaciones correspondientes a una situación "criolla" similar, respondo si me preguntan : ¿cómo estuvo el evento?, respondo : "una venezolanada total".
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