
Antes de que alguien decida reputearme pensando que halago a dictadores esperpénticos, aclaro yo que este post se trata de mi
GRATITUD de lector a José Carlos
SOMOZA por su novela feamente titulada
EL CEBO. Un thriller espléndidamente narrado del que no voy a contar virtualmente nada y que me ha mantenido "enganchado" durante sucesivas veladas, tras ser devorado -el libro, of course- por las lectoras feroces que son mi esposa y mi hija. Todos tres concordamos en nuestra fascinación por la narrativa somociana, después de leernos la intensísima
CLARA Y LA PENUMBRA (que no comprendemos dónde está la versión cinematográfica europea, vaya por dios) y este libro del que ahora me ocupo con obvio beneplácito. ¿De qué va
EL CEBO? Pues diré, así, que va de placer y de Shakespeare y de
psinomas y de filias. Eso sí, debo aclarar que Edith y Lorena pasan de mí cuando yo sostengo que
EL CEBO es
EL PERFUME 2.0, ficción también admiradísima dentro de la breve biblioteca familiar. Me parece justo citar, dentro de una antología puñeteramente subjetiva (como lo es cualquier compendio), un par de frases del libro, tramposamente sacadas de contexto: (...)
"terminarás creyendo que soy dios (...) pensarás en la muerte como en un orgasmo" y
"nada nos deja tan indefensos como el placer, ni siquiera el miedo".