
En el edificio donde resido todo cristo debe cuotas de condominio. Yo llevo ya un par acumuladas, pero el promedio de morosidad es de 4 meses y hay quienes deben 18, 26 y hasta 54 mensualidades.
Y precisamente mi vecino que acaba de estrenar su flamante y omnipotente Hummer ¿blindada? en esta urbanización clase medio jodida de Caracas es quien ostenta el record de morosidad con sus imbatibles 54 meses de “retraso”
mens(tr)ual (sic): o sea, que el tipejo tiene 4 años y medio sin dignarse a cancelar una sola cuota de condominio.
Así cualquiera que no tuviese otras prioridades, podría comprarse su vehículo nuevo a prueba de balas, bolas, bulos y hasta bulas vaticanas.
En el aparcamiento destechado del edificio, el Hummer contrasta demasiado reposando junto a otros “coches” que acumulan, algunos, varias décadas de tránsito sobresaturado y evidente fatiga de materiales.
¡ Vamos, que esto parece un salón antológico y gerontológico automotriz !
Pero, claro, vivimos en un país que rinde culto al automóvil y como afirmo en mi próximo libro de comunicaciones de inminente publicación (me cito textualmente):
“el venezolano es el mayor consumidor per capita en el mundo de mayonesa, jamón endiablado, whisky escocés, harina precocida de maíz (que inhibe la metabolización de hierro y genera una anemia específica en el subcontinente, tipificada por desnutrición neuronal) y teléfonos celulares”.Vaya, que comemos full mierda con triglicéridos y carbohidratos, pero disponemos del top of the line de la tecnología inalámbrica para que Darwin Yúnior se lo “conecte” a Yusmerys del Valle en tiempo real y sin fronteras.
Joder, y lo peor de este post es que no hay pero ni una sola gota de ficción involucrada.
Comentario a los comentarios:Sí que sí: esa cosa tan babosa e inasible que los sociólogos insisten en denominar "identidad nacional" se enarbola, cual bandera conductal, en el exterior paseando sus teléfonos celulares y quejándose a voz en cuello de que "mi pana, aquí en París no se consigue queso de mano, ¿tú puedes creer esa vaina? ¿Tanto Louvre para qué?". Sin ir más lejos, allí la anécdota de la ¿miss qué? que, en París again, estaba ladilladísima porque en el hotel 5 estrellas no atinaban a cocinarle "unas caraoticas con espagueti y quesito blanco duro rallado". Así que se vino volando a echarse en su chinchorro y hoy se exhibe desdentada en homenajes pre-postumos a la ¿belleza criolla? en la televisión creole.
La sintomatología resulta demasiado rica en bufonadas, pero intentaré una breve antología:
—La subutilización de la tecnología, disparando fotos digitales con flash en el Teresa Carreño (confundiéndolo con el procaz poliedro) y en máxima resolución, como si fuesen a imprimir vallas publicitarias con las imágenes capturadas.
—Las pantallas hiperplanas de plasma sujetas con tirro doble faz a la pared del rancho, pero sintonizando paupérrimas telenovelas nacionales donde las cachifas parecen misses de belleza y los galanes boxeadores de exportación.
—Los blogs con plantillas arrechísimas y horrores ortográficos.
Hace algún tiempo que no viajo, pero ¿los turistas vernáculos siguen aplaudiendo cuando el avión aterriza?
Ya me dirán.