
Ha sido radical aunque efectivo. Le he mandado a extirpar los pulgares a mi sobrina y, así, ha dejado de enviar y recibir compulsivamente mensajes de texto en su recalcitrante celular omipresente.

Resulta enternecedor el esfuerzo que hace para aprender a escribir con los ocho dedos restantes. Pronto se impacienta y llora inconsolablemente dada su neo-torpeza.

Obviamente ha perdido velocidad de respuesta y sus contactos ya no le escriben con la ferocidad de antes. Mi sobrina, sin sus pulgares, se ha vuelto too slow y disfuncional para el manejo eficiente y proactivo de la jerga de los mensajes de texto y el chateo.

Esta tarde, mi sobrina me ha amenazado con que, cuando cumpla la mayoría de edad, piensa reimplantarse los pulgares con algún biopolímero idóneo que le permita recuperar su velocidad y habilidad dactilográfica.

Mientras tanto, sus contactos han decrecido ostensiblemente. Su celular ya casi no ringtonea y hemos recuperado la sacrosanta paz de los almuerzos y cenas familiares.

Y es que mi sobrina era como el perro de Pavlov, salivando ante los gruñidos y estertores de su celular. Agradezco a Skinner por inspirarme la solución a este dilema.
3 comentarios:
¡Jajaja! XCLNT! de verdad que no se me había ocurrido tan efectivo remedio para ten vil enfermedad de los adolescentes de hoy.
Mi hermana sufre de ese mal ¡no puedo esperar a verla para curarla!
¡Gracias Skinner!
¡Gracias Javier!
jajaja
Pero por dios, si los pulgares tienen un montón de funciones importantísimas!!!
Saludos
¡SUERTE QUE MI HIJO VIVE EN BUENOS AIRES, Y LE ROBAN EL CELULAR DÍA POR MEDIO! ASÍ PUEDE SEGUIR USANDO SU PULGAR, PARA OTRAS "MANUALIDADES"...jeje
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